IDAM
23/07/2024
Durante una conferencia sobre religión comparada que se celebró en Inglaterra, expertos de todo el mundo debatieron sobre cuál es la creencia exclusiva de la fe cristiana, si es que hay alguna.
Comenzaron a eliminar probabilidades. ¿La encarnación? Otras religiones tenían versiones diferentes de dioses que aparecían en forma humana. ¿La resurrección? También había otras religiones donde se hablaba de personas que habían regresado de entre los mu***os.
El debate se extendió por algún tiempo, hasta que, por casualidad, entró C. S. Lewis en el lugar. “¿A qué se debe esta algarabía?”, preguntó, y como respuesta, escuchó que sus colegas estaban discutiendo sobre la contribución exclusiva del cristianismo entre las religiones del mundo. Entonces respondió: “Muy fácil. Es la gracia”.
Después de alguna discusión, los miembros de la conferencia tuvieron que aceptarlo. La noción de que el amor de Dios llegue hasta nosotros sin costo alguno por nuestra parte, sin condiciones, parece ir contra todos los instintos de la humanidad. El sendero óctuple budista, la doctrina hindú del karma, el pacto judío y el código legal islámico ofrecen todos ellos una manera de ganarse la aprobación. Solo el cristianismo se atreve a hacer del amor de Dios algo incondicional.
Gracia divina vs. Condena humana. Philip Yancey
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