Alba Malaver
10/13/2025
¡Dios Benito!
Creí que esa forma de bailar y cantar era “simple vulgaridad”. Me dejé llevar por el primer pensamiento que me atravesó. Olvidé que mi forma de actuar está condicionada por algo llamado cultura. Aún así, mi cuerpo se movía; el ritmo está dentro de mí, la música lo hace florecer. Un encantamiento, un delirio, pensé. Un fluir natural. Busqué en el ritmo “denbow”, ritmo base del reggaeton; busqué en el “perreo”; busqué en las congas, en los timbales, en las maracas, en los tambores, en el origen de la guitarra, en los distintos lugares, en el mundo, en África, en Europa, en América, en el lenguaje, en el mar, en la historia…, en sus letras narrativas, algunas esquivas a mi oído, a tu oído, “¡Dios bendito!”…., en el horror vivido. En la esclavitud, en la opresión, en la violencia, en la religión, en la sumisión, en el pueblo taíno, en la colonización, en el mestizaje, y allí lo vi nacer, es la resistencia de la “simple vida”.
Una “bomba”, una explosión de luz en medio del paisaje, una explosión de amor, de sonidos, de movimiento, de nuevas palabras, de trajes coloridos, de riqueza cultural, una postura ante el sufrimiento. Una “bomba” para conjurar el sentimiento de tristeza. Una “bomba!”, así se le nombró a la musica y baile de los trabajadores esclavizados de las plantaciones de caña de azúcar en Puerto Rico. Se iluminó ante mis ojos parejas, músicos, baile, color, se*******ad, sincretismo, erotismo, movimiento sexual, expresión vital.
Escuché en el olvido las voces a pulmón del amo: “Bailan como animales”; ¡escuché!“: “se multiplican como animales”; “son como conejos”, “cantan como animales”, “se mueven como animales”, “son unos anormales”. Mientras en la noche, a escondidas, sin que nadie lo vea, escondido, en el laberinto de su hipocresía, violenta otros cuerpos, violenta su cuerpo contra otros cuerpos, sin que nadie lo juzgue, “actúa como animal”, “siente como animal”, vive y maltrata “como animal”, “se multiplica como animal”, “es un animal”.
Seguí indagando. Por qué adjudicar lujuria a unos y castidad a otros? ¿por qué tildarlos de “conejos”? ¿Por qué adjudicar el deseo sexual a unos y reprimir el de otros? ¿Acaso no es innato en todos? Acaso el poder reproductivo no es de todos? Y es que los hijos de los esclavizados también eran propiedad del amo… los obligaban a reproducirse; entre más partos más riqueza para el amo; entonces el conejo tiene muchos conejitos, pero un conejito se le escapó, se volvió “malo”, es el “Conejo malo”, el que comprende una serie de hechos que lo enajenan, que lo niegan y es diferente, y se rehúsa, por ende es “malo”. Es el “Conejo malo”.
“Bad Bunny”, el que se reveló, el que vio, el que analizó, el que comprendió, el que hoy baila, el que hoy “perrea”, el que hoy compone, y sale por el campo, y baila por la vida, y canta en español, en su español, porque hay muchos tipos de español, y él tiene todo el derecho de cantar en su español, porque es suyo! En pronunciar sus palabras a su manera, porque son suyas! ¡Dios bendito! ¡Dios Benito!
Alba Malaver
12 de octubre, 2025
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