CiriWhispers
05/17/2026
El universo no respondió.
Y quizás
esa fue la respuesta.
Pasó años preguntando cosas al vacío.
¿Por qué la gente buena termina rota?
¿Por qué algunos amores llegan tarde?
¿Por qué hay personas que nacen sintiéndose solas incluso rodeadas de cariño?
Nunca obtuvo nada.
Ni señales.
Ni milagros.
Ni esa claridad bonita que venden los libros de autoayuda.
Solo silencio.
Al principio eso le dolía.
Después comenzó a entenderlo.
Tal vez la existencia no tenía una explicación secreta esperando ser descubierta.
Tal vez nadie estaba escribiendo un destino perfecto detrás del telón.
Tal vez el universo era exactamente eso:
un lugar inmenso, indiferente, frío… donde cada quien intenta inventarse un sentido antes de desaparecer.
Y aunque sonaba triste, también había algo extrañamente liberador en eso.
Porque si nada venía con significado incluido, entonces uno podía construir el suyo.
Un café compartido.
Una canción de madrugada.
La voz de alguien diciendo “llegaste bien?”.
El sol entrando por una ventana cualquiera después de semanas difíciles.
Quizá la vida nunca fue sobre encontrar respuestas gigantes.
Quizá era simplemente aprender a soportar el vacío sin dejar que el vacío te convierta en piedra.
Esa noche dejó de mirar el cielo esperando explicaciones.
Y por primera vez en mucho tiempo, el silencio no le pareció abandono.
Le pareció honestidad.
Siempre mío... CiriWhispers Ciriaco Pichardo
05/15/2026
La ciudad estaba llena de gente
corriendo hacia algún lugar.
Motores.
Pantallas.
Semáforos cambiando rápido.
Personas hablando solas por audios mientras caminaban como si llegar tarde fuera un pecado mortal.
Y él ahí, parado en medio de la acera, sintiendo que el mundo entero se movía demasiado deprisa para preguntarse algo simple:
“¿Para qué?”
No “qué sigue”.
No “cómo crecer”.
No “cómo producir más”.
Sino para qué c**o existía toda aquella prisa.
Veía hombres destruyéndose la espalda por trabajos que odiaban.
Mujeres aprendiendo a sonreír cansadas.
Muchachos volviéndose viejos antes de tiempo por perseguir una vida que ni siquiera deseaban de verdad.
Y lo peor era que nadie parecía notarlo.
La gente sobrevivía en automático.
Como ascensores dañados subiendo y bajando sin saber quién apretó el botón primero.
Una noche llegó a su casa, se quitó los zapatos y se quedó mirando el techo oscuro del cuarto.
Sin música.
Sin teléfono.
Sin ruido.
Y por primera vez tuvo miedo de algo más grande que la muerte.
Miedo de convertirse también en uno de ellos.
En otro cuerpo caminando rápido hacia ninguna parte.
Siempre mío... CiriWhispers Ciriaco Pichardo
05/14/2026
Trabajó toda su vida
para comprar silencio.
Desde muchacho creyó que el cansancio tenía sentido.
Que algún día el sacrificio iba a devolverle algo.
Paz quizá.
Una casa tranquila.
Dormir sin el pecho apretado.
Mirar el techo sin sentir que la vida se le estaba yendo demasiado rápido.
Por eso aceptó jornadas largas, despedidas pequeñas, amores a medias.
Cambió tiempo por dinero
como hacen casi todos.
Sin darse cuenta de que el tiempo era precisamente lo único que no volvía.
Y sí, un día lo logró.
El apartamento limpio.
La nevera llena.
El teléfono dejando de sonar.
Nadie pidiéndole nada.
Nadie esperándolo en ningún lugar.
Silencio absoluto.
Pero fue ahí donde entendió el error.
El ruido nunca venía de afuera.
Venía de esa parte de él que llevaba años evitando escuchar.
Porque hay personas que trabajan tanto
no para construir una vida…
sino para distraerse de ella.
Y cuando por fin se quedan solos,
sin deudas, sin ruido, sin excusas,
descubren algo terrible:
que pasaron la vida entera huyendo de sí mismos.
Siempre mío... CiriWhispers Ciriaco Pichardo
La primera vez que volvió solo al bar, entendió que hay lugares que no extrañan personas…
extrañan versiones de uno.
Pidió la misma cerveza con limón encima.
La bartender preguntó por ella sin pensar.
—¿Y la hiedra?
Y una tripa se le torció con una elegancia horrible.
Sonrió.
Mintió pequeño.
“Está trabajando.”
Pero no.
Ella se estaba yendo.
No de golpe.
No con una pelea grande.
No con platos rotos ni puertas azotadas.
Peor.
Se estaba yendo despacio.
Como se pudre una fruta olvidada.
Como una canción que deja de doler porque ya casi no se escucha.
Todavía quedaban cosas de ella en el apartamento.
Un camisón gris encima de la silla.
Un cepillo de dientes.
Dos gomitas de pelo.
Una vela de canela en el baño que él no movía porque todavía olía a noches donde creía que el amor era algo que se podia oler.
A veces ella llegaba por cajas.
Entraba tranquila.
Demasiado tranquila.
Como quien ya hizo el duelo mientras el otro todavía está tratando de entender qué fue exactamente lo que murió.
—Me llevo esto después.
—Déjalo ahí.
—Ok.
Y ya.
Así hablan las personas cuando el amor dejó de vivir en la casa pero todavía paga renta.
Lo peor no era perderla.
Era perder los lugares.
La cafetería donde conocieron otra pareja.
El sofá rojo de las reuniones.
Las luces moradas del club.
La cocina llena de humo y risas donde todos hablaban de amor libre como si el corazón fuera un hotel de carretera.
Y quizás el de algunos sí.
Pero él no.
Él amaba como los perros callejeros:
agradeciendo demasiado.
Encariñándose rápido.
Creyendo que quedarse era una forma de salvación.
Abrió el teléfono.
Fotos.
Mensajes fijados.
Videos donde ella se reía mirando a otras personas mientras él la miraba solo a ella.
Eso fue lo que más dolió al final.
Descubrir que estaban viviendo historias distintas dentro de la misma relación.
Afuera estaba nevando.
La ciudad parecía cansada.
Como si también hubiese llorado un poco antes de dormir.
Prendió un blunt aunque había prometido dejarlo.
El humo subió lento.
Y ahí le llego algo que nadie dice en las comunidades donde todo el mundo habla de libertad, conexión y responsabilidad afectiva:
Hay abandonos que llegan con mucho amor encima.
Hay gente que te abraza mientras aprende a vivir sin ti.
Y hay personas que no te rompen cuando se van.
Te rompen en la forma lenta y educada en que aprenden a irse.
Siempre mío... CiriWhispers
Ciriaco Pichardo
05/10/2026
Hay amores que no terminan:
se pudren.
Primero se vuelven silencio,
después costumbre,
y al final uno los confunde con paz.
Pero no era paz.
Era el cadáver tibio de algo que alguna vez pidió ser eterno.
Siempre mio...
CiriWhispers
Ciriaco Pichardo
Ella apareció en medio del ruido.
No en la tristeza.
No en la madrugada.
No en el cigarro apagándose solo sobre el cenicero.
Apareció a las 3:25 de la tarde,
cuando alguien hizo un chiste
y todos rieron fuerte.
Y él también rió.
Pero ap***s terminó,
miró el asiento vacío a su derecha
como quien busca una costumbre.
Porque hay personas que duelen de noche…
y otras
que se notan cuando el mundo todavía tiene luz.
Él entendió algo horrible ese día:
que la verdadera ausencia
no hace silencio—
le baja el volumen a todo.
Siempre mio...
CiriWhispers
Ciriaco Pichardo
Mujer.
Estoica, de fuego
de piedra, de heno
de liras y espinas
frente de tiara…
de lágrimas dulces
y risas saladas.
Desdobles en
su aspereza,
de pelo enmarañado,
de paja y de hierro.
Su luz de plata y zarzamoras,
dos costados y omóplatos,
un pecado garabato,
a veces pasos,
de a veces sancos.
Rebelde Venusdiana,
con su existencia...¿pa' qué
una daga?
Se flamencos y follajes
briznas, manzanas, flores, perales...
De paja de fuego
de palo, de hierro,
de pétalos, de viento,
de olores, de besos...Mujer
Siempre tuyo...
CiriWhispers
Ciriaco Pichardo
Le dijeron que soltara.
Y ella soltó.
Soltó la mano, la promesa, la foto, la esperanza…
pero no soltó el vacío.
Porque hay cosas que no se dejan ir:
se quedan viviendo debajo de las costillas
como un animal sin nombre.
Siempre mío...
CiriWhispers
Ciriaco Pichardo
Jugar.
Por querer jugar al
Escondite,
me colé una noche en
tu faldera,
prometiendo para ti no más
días grises,
ni repetir este juego
con rameras.
Con mi pelo ¡hey! No te
Desquites,
son los años que me indican
desde afuera,
en la mesita te dejo cien
peniques,
si me soplas, como soplas
esa vela.
En penumbra se me pierde lo
que vistes,
no acostumbro en la lumbre
expiar tus p***s,
esa miel que en tus muslos
se derrite,
sabe a mango, sabe a piña,
sabe a fresa.
Si me quieres te ofrezco
mi meñique,
si me amaras el alma que
me queda.
Siempre mío...
CiriWhispers Ciriaco Pichardo
Volví mi rostro al llegar el ocaso,
ignorando la luz que desprendía,
riendo a su espalda sin alegría,
sin fuerza quise morir en sus brazos.
Sublime es el aire que balanceamos,
color de la vida se envilecía,
sufriendo en silencio su algarabía,
hace tiempo que no me hago caso.
Sagaz en su andar por mis senderos,
de aquí para allá, sin titubeos,
llegando puntual a mis pesadillas.
Escuchar de tu boca quizás tres te quiero,
dormitando en el alba creo que te veo,
remendando un corazón con rojiza masilla.
CiriWhispers
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