Coach de Vida
03/08/2026
Muchos niños crecen creyendo que equivocarse es algo peligroso.
Porque cada error viene acompañado de críticas, reproches o decepción. Con el tiempo dejan de ver el error como parte del aprendizaje y empiezan a verlo como una prueba de que algo está mal con ellos.
Muchas veces los adultos no damos margen para equivocarse a los hijos. Nos olvidamos de enseñar que fallar es parte de la vida, que un error no te define y que de los errores también se aprende.
Le tenemos miedo a que nuestros hijos se equivoquen porque:
fuimos educados igual.
Porque los errores activan la ansiedad del adulto:
“Si mi hijo hace esto mal, algo estoy haciendo mal yo.”
Porque vivimos apurados, estresados y sobrecargados.
No tenemos paciencia para el proceso del niño.
El error del niño no suele incomodar por el error en sí.
Incomoda por lo que despierta en el adulto:
su historia
su ansiedad
su prisa
sus propias exigencias internas.
Por eso la crianza muchas veces confronta más al adulto que al niño.
Cuando un niño siente que debe hacerlo todo bien para ser aceptado, deja de aprender con libertad.
Empieza a vivir con miedo a fallar.
03/05/2026
Desde la mirada sistémica de Hellinger, los hijos, por amor profundo y casi instintivo, tienden a asumir cargas emocionales que no les corresponden cuando perciben asuntos pendientes en sus padres: duelos no resueltos, culpas, conflictos o secretos familiares. No lo hacen de forma consciente; lo hacen por lealtad, intentando compensar, aliviar o “equilibrar” algo que sienten desordenado en el sistema. El problema es que, al cargar con lo que no es suyo, pierden fuerza y claridad para vivir su propia vida. Cuando cada generación asume su responsabilidad y devuelve lo que no le pertenece, el vínculo se vuelve más sano y los hijos pueden avanzar con mayor libertad y liviandad.
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