Mariale Militiae
06/05/2026
Prevost ha visitado diversos países africanos y se presenta como Vicario de Cristo. Sin embargo, resulta llamativo que guarde silencio ante las persecuciones, masacres y crímenes que innumerables cristianos sufren a manos de grupos islamistas en África. Mientras se reúne cordialmente con líderes musulmanes y prodiga elogios al islam, los cristianos perseguidos parecen quedar relegados al abandono y al olvido.
Surge entonces una pregunta legítima: ¿puede quien afirma representar a Cristo permanecer en silencio cuando los miembros de Su Iglesia son asesinados por causa de la fe? ¿Puede llamarse pastor quien no alza la voz en defensa de su rebaño perseguido?
Cristo ordenó a sus Apóstoles predicar la verdad, confirmar a los fieles en la fe y defender al pueblo de Dios contra el error. Exaltar a quienes rechazan el Evangelio mientras se ignora el sufrimiento de los cristianos constituye, cuando menos, un grave escándalo para las almas.
Porque un verdadero sucesor de los Apóstoles no está llamado a agradar al mundo, sino a proclamar íntegramente la doctrina de Cristo, defender a Su Iglesia y sostener a los fieles que padecen persecución por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo.
04/26/2026
✠ ADMONITIO SEVERA CONTRA LA DECADENCIA DEL HOMBRE MODERNO ✠
Que nadie se engañe: lo que hoy se presenta como “vida” no es más que una caricatura degradada del orden que Dios estableció. El hombre ha dejado de gobernarse y ha elegido arrastrarse. Ha cambiado la verdad por la aprobación, la virtud por la apariencia y la dignidad por la exhibición.
El orden ha sido violentado. El alma ha sido sometida al cuerpo. Y cuando el cuerpo reina, el hombre cae. No se eleva, se hunde. No se perfecciona, se corrompe.
Por eso, apartarse del mundo no es cobardía: es lucidez. Es el acto de quien aún conserva juicio suficiente para reconocer la podredumbre que lo rodea. En el silencio —donde el ruido no puede mentir— el hombre se ve tal cual es: débil, desordenado y, muchas veces, miserable. Y si no ha perdido del todo la conciencia, ese encuentro no produce orgullo, sino repugnancia.
Qui facit peccatum, servus est peccati.
Quien vive en el pecado no es libre: es esclavo.
Y hoy abundan los esclavos que se creen libres. Esclavos del placer, de la mirada ajena, de la validación constante. Hombres vacíos que viven para aparentar lo que no son. Mujeres que han reducido su valor a la exposición de su cuerpo, mendigando atención como si fuera dignidad. Eso no es poder, es decadencia.
La inmodestia no empodera: degrada.
La exhibición no eleva: envilece.
La aprobación no dignifica: esclaviza.
Pero el problema no es solo externo. Es interior. Es la voluntad debilitada que rehúsa el sacrificio. Porque cambiar exige renunciar, y renunciar duele. Por eso muchos prefieren seguir en la miseria antes que levantarse con disciplina.
Abneget semetipsum.
Niéguese el hombre a sí mismo.
No hay santidad sin combate.
No hay virtud sin sacrificio.
No hay orden sin disciplina.
Dios da los medios. El hombre decide si los desprecia o los toma. Y quien los desprecia, no es víctima: es responsable de su propia ruina.
El mundo moderno ofrece ruido, placer y distracción. Pero todo eso tiene un precio: la pérdida del alma. Y quien pierde el alma, lo pierde todo, aunque el mundo entero le aplauda.
Vanitas vanitatum, et omnia vanitas.
No hay término medio. No hay negociación posible.
Aut Deus, aut mundus.
O te ordenas hacia Dios, o te hundes con el mundo.
El hombre no ha sido creado para vivir en la mediocridad ni para consumir basura moral disfrazada de libertad. Ha sido creado para elevarse, dominarse y vivir conforme a la verdad.
Pero esa verdad no se alcanza con comodidad.
Se alcanza con disciplina, renuncia y combate.
Y quien no está dispuesto a luchar, ya ha elegido perder.
✠ PER ASPERA AD ASTRA ✠
03/27/2026
Creo que la gente muchas veces comete errores por ignorancia; desconocen la doctrina y quieren tomar un cargo que está fuera de su estado de vida.
Primero, Ud. no puede tocar los vasos sagrados, y mucho menos las partículas sagradas. ¿Por qué? Porque solo un sacerdote debidamente ordenado, solo él lo puede hacer. Si Ud. es mujer, si Ud. es hombre secular, Ud. no puede. No importa lo que le digan los obispones huevones o los sacerdotes apóstatas de la secta conciliar; el “ministerio de ministros de la eucaristía” para laicos es una mentira y una estupidez.
¿A Ud. le gustaría que el vecino se meta con su mujer o que, por orden de su superior, un hombre se crea el dueño de su familia y tome su lugar? Obviamente no. Entonces, si sabes que esto está mal, ¿haces lo otro que también lo está?
Por medio del sacramento del matrimonio, solo tú puedes tocar a tu mujer o a tu esposo. Por medio del orden sacerdotal y de la consagración a Dios, solo el sacerdote puede tocar las partículas sagradas. ¿Será que la gente está tan estúpida y no entiende esto? O tal vez no tienen fe, son hipócritas y solo quieren conseguir un estatus dentro de la Iglesia.
Si su estado de vida es el matrimonio, deje de sentirse el misionero y el predicador; su tarea es su esposa y su familia. Por medio de ellos Ud. santifica su vida y de ello le dará cuentas a Dios. Ud. puede ayudar a la Iglesia, pero cuando pueda. Deje de tomar el lugar del cura y vaya a ser esposo. ¿Le gustaría que alguien más tome su lugar? ¿Y por qué vienen a la iglesia a querer tomar el lugar del sacerdote?
Peor las mujeres, ridículas; el ministerio del orden sacerdotal es para hombres. ¿Vieron que la Virgen Santísima quisiera ser apóstol? ¿Qué mejor que ella para tocar las partículas sagradas? Pero, ¿lo hizo? ¿Y Uds. por qué lo hacen? ¿Se creen más dignas que ella?
Después de Jesucristo, no existe persona más santa que María Santísima. ¿Y la vieron queriendo tomar el lugar de los apóstoles? Dirán: “yo obedezco al sacerdote”, pero es mentira, porque ¿por qué no obedecen a la Iglesia, que por más de 2000 años condenó lo que Uds. hacen?
No toda la obediencia es buena, peor cuando en el nombre de la obediencia se profana lo sagrado y se cometen sacrilegios en el lugar santo.
03/23/2026
Dios nos llama a santificarnos en diversas vocaciones: unos lo hacen mediante la vocación del matrimonio; otros eligen la vida religiosa, y otros prefieren ser célibes y vivir solos.
Pero la obligación de cada alma es santificarse, sin importar la vocación que usted elija; esa es la mayor misión de cada alma en esta tierra. Por eso es muy importante conocer bien las verdades de fe, leer la doctrina y seguir a los verdaderos pastores, aquellos que predican la verdad y nos ayudan a santificarnos.
Amigos, no hay dos vidas ni dos oportunidades; solo existe una, y de esa dependerá nuestra eternidad. La salvación no es tan fácil: no es solo rezar y ya, sino vivir apegados a la doctrina y a las verdades de fe, rezar, frecuentar los sacramentos y permanecer fieles a nuestro estado de vida.
¿Qué es ser santo?
Ser santo es ser semejante a Cristo, vivir lo más apegado posible a las verdades de fe y lo más cercano al ejemplo de Jesucristo. El santo no es un dios; no. El santo es un conducto hacia Jesucristo y, con su ejemplo de vida, nos invita a vivir en gracia, a seguir su ejemplo y a amar a Cristo como él lo ha hecho.
El santo no obra por sí mismo, sino porque Dios así lo quiere. Su vida no es más que una dedicación de amor a Cristo, y por medio de ella otras almas pueden imitarle y llegar a amar a Dios igual o más que él lo hizo.
Un momento de placer no vale una eternidad de sufrimiento; tampoco vale menospreciar el sacrificio de la cruz. Es difícil, pero nunca imposible.
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