Red de Apoyo Ministerial - RAM

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07/13/2026

REQUISITOS PARA RECIBIR LO QUE EL SEÑOR PROMETE
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Mateo 7:7-8 (RVR1960)

El capítulo 7 de Mateo es la conclusión del Sermón del Monte. En el capítulo 5 leemos que Cristo dijo que las personas bendecidas son: pobres, lloran, tienen hambre y sed, y son bondadosas, misericordiosas, pero también perseguidas. Luego aclara lo que es la Ley, porque vino a cumplirla. Finalmente, dice que debemos orar por quienes se aprovechan de nosotros, nos persiguen y aun a nuestros enemigos. En el capítulo 6, Jesús muestra la manera en que debemos orar a nuestro Padre. Luego nos recuerda que Dios provee para todas nuestras necesidades, simplemente porque sabe lo que necesitamos. No tenemos que preocuparnos por el día de mañana. Debemos vivir día a día. Sin embargo, cada día debemos buscar al Señor y lo concerniente a su reino, y todo será proviso. En el capítulo 7, el Señor nos recuerda que no juzguemos a los demás porque nosotros también seremos juzgados. Debemos tratar a los demás de la misma manera que queremos que nos traten. Nos anima a encontrar y caminar por el estrecho camino que conduce al Cielo. Dios sabe lo que hay en cada corazón, y somos conocidos por nuestro fruto. Por último, Jesús nos asegura que, si construimos nuestra vida sobre la roca sólida, sobre el Señor, sobreviviremos a cualquier tipo de viento o tormenta que intente destruirnos. Pero vuelve a subrayar la importancia de la oración. Dios escucha y siempre nos dará cosas buenas, pero hay requisitos que debemos cumplir. Primero, debemos pedir, no exigir. ¿Con qué frecuencia recordamos a los niños que usen la palabra por favor? Recuerda, Dios sabe lo que necesitamos, pero Él quiere que nos relacionemos con Él, y quiere hablarnos. (Jeremías 33:3). En segundo lugar, debemos buscar. ¿Qué deberíamos buscar? Buscar al Señor. (Isaías 55:6). Debemos buscar Su rostro; es decir, debemos querer conocerle cara a cara. (Salmo 27:8). Debemos buscar Su fuerza y Su presencia. (1 Crónicas 16:11). Debemos buscar el bien y no el mal. (Amós 5:14). Debemos buscar su reino y su justicia. (Mateo 6:34). Cuando buscamos al Señor con todo nuestro corazón, le encontraremos. (Jeremías 29:13). Entonces debemos tocar para que nos abran. Debemos creer que Dios responderá a nuestras oraciones. (Marcos 11:24). Debemos mantenernos firmes, no flaquear, y resistir. (Apocalipsis 14:12). Nunca debemos rendirnos. (Lucas 18:1). Debemos orar sin cesar. (1 Tesalonicenses 5:17). Sin embargo, todo lo que pedimos, buscamos y tocamos debe ser según la voluntad de Dios. Él nos conoce y tiene un plan para nuestra vida. Quiere responder nuestras peticiones. Quiere que le encontremos. Quiere abrir la puerta. Por lo tanto, debemos asegurarnos de que nuestras oraciones siempre incluyan: "Si es tu voluntad". Amén. Bendiciones.
Becky Lucero

07/10/2026

SOMOS PRODUCTO DE LA MANO DE DIOS
Me viste antes de que naciera. Cada día de mi vida estaba registrado en tu libro.
Cada momento fue diseñado antes de que un solo día pasara. Salmo 139:16 (NTV)

Leemos en el Salmo 139:13-14 que Dios hizo un tejido con nuestra vida. El tejido es un arte en el que alguien crea un objeto entrelazando hilo en una forma específica. Es un proceso que requiere tiempo y concentración para asegurarse de que cada parte esté perfecta y se integre con las demás. Cada objeto tejido se forma con cuidado y dedicación. Cuando cada parte ha sido entrelazada, el creador de ese objeto la presenta como hermosa, maravillosamente hecha. Ahora puede usarse tal y como el creador lo planeó. Cada objeto tejido es único y original. De la misma manera, Dios nos formó con amor. Cada parte de nosotros fue planificada con excelencia, y Dios tiene un plan perfecto para cada uno de nosotros. "Porque conozco los planes que tengo para ti", dice el Eterno, "planes para la paz, no para el mal, para darte un futuro y esperanza—nunca lo olvides. (Jeremías 29:11). Sin embargo, a veces nos desviamos del plan de Dios, pero Él espera pacientemente a que regresemos para poder cumplir Su plan para nuestra vida. Podemos ver a través de la historia de Moisés cómo Dios resuelve las cosas. Moisés fue criado en el palacio de Egipto. Aprendió la cultura y sabiduría de los egipcios. Fue formado para ser tanto intelectual como líder. Cuando tenía cuarenta años, decidió visitar a sus hermanos, los israelitas. Pensó que lo reconocerían como su liberador enviado por Dios, pero no le reconocieron. Todavía lo veían como egipcio. No era el momento de Dios. (Hechos 7:20-34) Cuarenta años después, Dios se apareció a Moisés en la zarza ardiente y le dijo que era hora de liberar al pueblo de Dios. Entonces informó a Moisés que él era a quien el Señor enviaba para liberarlos. Sin embargo, el Moisés que ahora vivía en Madián no se sentía calificado para hablar con el faraón, y mucho menos para liberar al pueblo. Dios entonces aseguró a Moisés que Él, el Señor, le daría las palabras para hablar, la autoridad y el poder para que cumpliera Su encargo. (Éxodo 3 y Éxodo 6). Tardaron cuarenta años, pero el plan de Dios se cumplió. Dios tiene un plan para nosotros, y no podemos apresurarlo. Dios tiene un tiempo perfecto, y cada situación que atravesamos, cada habilidad que adquirimos, cada talento que poseemos forma parte de ese plan. No nos adelantemos al Señor, aunque podamos "saber" lo que Dios ha planeado para nosotros. Entreguémonos a Él al 100% y esperemos a que Él abra la puerta adecuada en el momento indicado. Nosotros también veremos cómo todo se entrelaza para formar la obra maravillosa y grandiosa de Dios. "Porque somos producto de Su mano, la poesía del cielo grabada en vidas, creada en el Ungido, Jesús, para realizar las buenas obras que Dios organizó hace mucho tiempo." (Efesios 2:10). Amén. Bendiciones.
Becky Lucero

07/06/2026

¿DE QUÉ TAMAÑO ES TU FE?
Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestra segura ayuda en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra
y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes. Selah. Salmo 46:1-3 (NVI)

¿Alguna vez te has preguntado por qué los discípulos de Jesús se asustaron tanto al ver el viento y las olas mientras Jesús dormía? (Lucas 8:22-25). La mayoría eran pescadores experimentados que habían navegado en el mar muchas veces, estoy seguro incluso en mal tiempo. ¿Qué hizo que este viaje fuera tan diferente? La diferencia fue que tuvieron que aprender que Dios no duerme. Es nuestro ayudante y protector siempre alerta. Protege que entremos y salgamos. (Salmo 121). Él está nuestro presente para ayudarnos en los problemas. Por eso no debemos temer aunque pasemos por tormentas poderosas, donde las aguas rugen y los vientos son fuertes. Mientras atravesamos estas tormentas, podemos sentir que el Señor se ha olvidado de nosotros y está dormido. Recordemos lo que dijo Elías en 1 Reyes 18:27: "Y así fue, al mediodía, cuando Elías se burló de ellos y dijo: "Clamad en voz alta, porque él es un dios; o está meditando, o está ocupado, o está de viaje, o quizá está durmiendo y debe despertarse." El miedo de los discípulos superó su fe. Jesús ya les había dicho que iban al otro lado. Sabía que lo conseguirían de una u otra manera. Jesús ya les había hecho saber que, con fe, incluso podrían hacer que las montañas se movieran y que los árboles se plantaran en el mar. (Mateo 17:20; Lucas 17:6). Aunque Jesús les reprendió por su poca fe, no los dejó perecer. Le dijo a la tormenta: "Calla, enmudece" (Marcos 4:39). Vamos a atravesar tormentas en esta vida. Jesús nos dijo: "Estas cosas os he dicho para que en mí tengáis paz. En el mundo tendrás tribulación; pero confía, yo he vencido al mundo." (Juan 16:33). Ninguna tormenta es más fuerte que el Señor. Él siempre está con nosotros, nunca nos dejará ni abandonará. Es nuestro refugio, nadie puede arrebatarnos de Su mano. Él es nuestra fortaleza, el Todopoderoso para quien nada es demasiado difícil. Es nuestra ayuda siempre presente en los problemas. Está tan cerca como un aliento y un latido. Conoce todos nuestros miedos. Él ve cada una de nuestras lágrimas. Así que no dejemos que el miedo supere a nuestra fe. Cuando nos encontramos con cosas que nos hacen sentir inseguros, amenazados, en riesgo y vulnerables, no tenemos que confiar en nuestra propia fuerza o valor. No tenemos que temer. Solo necesitamos confiar y depositar nuestra confianza en el Señor, que es Todopoderoso, que no teme a ningún hombre ni situación, y que nunca ha sido derrotado. Amén. Bendiciones.
Becky Lucero

07/03/2026

TU RESPUESTA ESTÁ EN CAMINO
En este mundo todo tiene su hora; hay un momento para todo cuanto ocurre. Eclesiastés 3:1 (DHH)

Nos reímos cuando salíamos de viaje y oíamos a los niños decir vez tras vez: "¿Ya hemos llegado?" Nos reímos al pensar que los niños no claro el concepto del tiempo, ni cuánto tiempo se tarda en llegar a los lugares, ni cuánto tiempo hay entre un cumpleaños o celebraciones navideñas. La mayoría de las veces, sonreímos y decimos: "Todavía no." Cuando el niño pregunta cuándo llegaremos al destino o cuándo será la celebración, a menudo decimos: "No tengas tanta prisa, de seguro llegaremos. Llegará tu cumpleaños, Navidad, etc. Tienes que tener paciencia y esperar."
Muy a menudo, si nos escuchamos, le hacemos al Señor las mismas preguntas. ¿Cuándo veré mi respuesta? ¿Cuánto tiempo tendré que esperar? He estado orando por esto MUCHO tiempo; ¿cuándo voy a ver la victoria? Dios también puede sonreír y decir: "Todavía no. Yo tengo la respuesta perfecta en el momento adecuado. Voy a darte una gran bendición, pero (¡esa palabra tan horrible!) tienes que esperar." ¿Cómo reacciona nuestro niño interior? ¿Hacemos pucheros, lloramos, suplicamos, gritamos, montamos una rabieta o agachamos la cabeza y decimos: "Está bien, ¿esperaré”?
Dios prometió cuidar de nuestras necesidades físicas como la comida y la ropa. (Véase Mateo 6:31-32). Sin embargo, lo que normalmente nos preocupa, nos inquieta o nos impacienta no son nuestras necesidades físicas. Le pedimos al Señor que nos indique cuándo seremos sanados nosotros o un ser querido. Queremos saber cuándo desaparecerán el dolor, la tristeza y la pena de perder a alguien. Queremos una respuesta sobre cuándo ya no tendremos que preocuparnos por alguien que no quiere entregar su vida al Señor. Nos preguntamos cuándo vamos a morir. Nos estresamos por poder seguir caminando cuando nos sentimos tan abatidos, cansados y derrotados. ¡Queremos la respuesta YA!
Jesús nos animó en Mateo 7:7-11 a pedir, y nos será dado, buscar y será encontrado, y llamar, y la puerta se abrirá. Nos recuerda que nuestro Padre que está en los cielos da cosas buenas a quienes se lo piden. Dios solo da buenos regalos. (Véase Santiago 1:17). Él, como cualquier padre amoroso, sabe que nos lleva tiempo llegar a un destino, celebrar un evento o recibir una respuesta a nuestra oración. Así como un niño aprende que su padre cumple su palabra y verá lo que prometió, nuestro Padre también nos dará lo que queremos, lo que pedimos y, sobre todo, exactamente lo que necesitamos.
Como dice el estribillo de la canción The Answer is on its Way, escrita por Charles y Rusty Goodman: "Oh sí, la respuesta está en el camino, lo sé. ¡Jesús lo dijo, yo lo creo y es así! Nuestro Padre celestial conoce nuestras necesidades antes de que oremos, y podemos estar seguros de que la respuesta está en camino" Amén. Bendiciones.
Becky Lucero

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