Shirley Rivera
11/27/2025
Deseando paz y reflexión en tiempos de crisis social. Mucha gente hoy no estará con su familia o amistades. Con cena o sin cena. Pero lo mas importante es aprovechar días festivos para descansar y reinventarnos.
En estos días piensa en esos que no tienen a dónde ir o con quién celebrar. Por eso yo te invito a meditar en vez de celebrar. Abrazos solidarios. 🍁
10/20/2025
Pumpkin and Pints 🍂🍁🎃
10/18/2025
La decisión de adoptar el apellido del esposo tras el matrimonio es una tradición profundamente arraigada, pero que merece un cuestionamiento riguroso y una revisión desde la perspectiva de la igualdad y la identidad personal de la mujer. El apellido no es solo una etiqueta; es una parte fundamental de nuestra identidad de origen, un vínculo con nuestra historia familiar y un marcador de nuestro lugar en el mundo. Cambiarlo, por ende, implica un borrado simbólico que ninguna mujer debería sentir la obligación de realizar.
Desde el nacimiento, nuestro nombre completo, con sus apellidos materno y paterno, se convierte en el pilar de nuestra identidad legal, social y profesional.
Muchas mujeres construyen una carrera y una reputación bajo su nombre de nacimiento. Al casarse y cambiar su apellido, se corre el riesgo de volverse "invisibles" profesionalmente. Publicaciones, investigaciones, obras artísticas y logros académicos quedan desvinculados de la nueva identidad, dificultando la trazabilidad y el reconocimiento de su trayectoria. Es una forma de desvalorizar el trabajo realizado antes del matrimonio.
Nuestros apellidos son nuestro lazo visible con la familia de la que provenimos, el eco de nuestras abuelas, de quienes nos precedieron. Renunciar a ellos equivale a cortar, al menos en el ámbito público y legal, ese hilo conductor de nuestra historia personal. Sugiere que la identidad familiar anterior debe ser reemplazada por la del esposo para ser validada dentro de la nueva unidad matrimonial, negando la continuidad del linaje materno.
La práctica de la mujer adoptando el apellido del marido tiene sus raíces en sistemas legales y sociales patriarcales. Históricamente, en muchas culturas, significaba que la mujer pasaba de ser "propiedad" de su padre a serlo de su esposo.
En pleno 2025, donde luchamos por la equidad de género, esta costumbre es un potente símbolo de desigualdad. ¿Por qué se espera que solo una de las partes de la pareja sacrifique su nombre? Si el matrimonio es una unión de iguales, la renuncia del apellido de la mujer es un acto que perpetúa la idea de la subordinación femenina. Punto!
Si bien compartir un apellido puede ser visto como una forma de unificar a la nueva familia, este concepto se basa en la premisa de que esa unidad solo puede lograrse a través del nombre del hombre. Una familia moderna está unificada por el amor, el compromiso y los valores compartidos, no por un apellido común que borra la identidad de uno de sus miembros (la de la mujer).
Mantener el apellido de nacimiento no es un acto de rebeldía, sino un ejercicio de derecho a la identidad y de coherencia con el principio de igualdad. Es reconocer que la mujer llega al matrimonio como una persona completa, con una historia, un legado y una trayectoria que son innegociables. 💖
10/04/2025
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