Fernando Casanova
26/06/2026
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Biblia y teología. Perfil profesional sin la toxicidad de otras redes. 🙂
20/06/2026
Cuando hablamos de la palabra sanadora de Cristo no nos referimos, en primer lugar, a una sensación emocional pasajera ni a una promesa de salud física inmediata, como suele difundirse en ciertas corrientes religiosas modernas. La Escritura nos muestra que la verdadera sanidad que Cristo trae por su palabra es integral y, sobre todo, espiritual.
En los evangelios vemos cómo Jesús sanaba con su sola palabra. Al siervo del centurión le dijo: «Ve, y como creíste, te sea hecho» (Mt 8:13), y en ese mismo instante fue sanado. La palabra de Cristo es eficaz, no porque sea un sonido mágico, sino porque Él es el Hijo eterno de Dios, el Verbo encarnado (Jn 1:1,14). Donde su palabra es proclamada y recibida con fe, allí actúa el poder de Dios.
Sin embargo, lo más profundo no es la curación del cuerpo, sino la sanidad del alma que comienza con la salvación alcanzada para ti por medio de Cristo.
«Él envió su palabra, y los sanó; los libró de su ruina» (Sal 107:20). La ruina mayor del ser humano es el pecado que nos separa de Dios y nos condena a muerte. Cristo mismo nos declara: «Las palabras que yo les he hablado son espíritu y son vida» (Jn 6:63). Su palabra no solo alivia, sino que vivifica, perdona y restaura.
«La Palabra de Dios no es débil ni inútil, sino viva y poderosa para sanar, salvar y dar vida eterna a todos los que creen» (Martín Lutero). Por favor, recuerda que NO son las emociones ni las obras humanas las que transforman al hombre, sino la Palabra de Cristo aplicada por el Espíritu Santo. Ella hiere con la Ley y sana con el Evangelio; ella desenmascara nuestra culpa y, a la vez, anuncia la gracia de Dios en Jesucristo.
Tú y yo necesitados de la palabra sanadora de Cristo. El mundo ofrece remedios superficiales para las heridas del corazón: espiritualidades exóticas, autoayuda, experiencias pasajeras... Pero solo la Palabra de Cristo, recibida en fe, puede sanar la culpa, dar paz verdadera y reconciliarnos con Dios. No buscamos un consuelo humano, sino la certeza divina, porque: «Si el Hijo los hace libres, serán verdaderamente libres» (Jn 8:36).
Escucha, entonces, con fe, la voz de nuestro Buen Pastor. Su palabra nos confronta, nos sana y nos conduce a la vida eterna. Ahí encuentras la verdadera medicina: no en lo que sientes, sino en lo que Cristo ha dicho y consumado por ti en la cruz.
Oremos: Señor, tu palabra es medicina para mi alma. Haz que la reciba con fe, para que sane mis heridas, perdone mis pecados y me guíe en vida nueva. Amén.
Tuyo, en Cristo,
Fernando
NOTA: Tomé las citas bíblicas de la versión Reina Valera Contemporánea (2011)
18/06/2026
Ningún lugar, templo o restos «sagrados», son centros EXCLUSIVOS del culto verdadero.
Debido a que Cristo mismo es el Templo DEFINITIVO (Juan 2:19–21), se sigue que la adoración legítima y verdadera ya no está LIMITADA a un lugar específico necesariamente (Juan 4:21–24).
Ahora tenemos claro lo que dice san Pablo: «El Dios que hizo el mundo y todo lo que en él hay, puesto que es Señor del cielo y de la tierra, no mora [se limita] en templos hechos por manos de hombres» (Hechos 17, 24).
Ten presente que un “lugar especial de adoración” NO significa “un lugar único y absolutamente necesario de adoración o servicio religioso”. Señalar y designar a personas, objetos y lugares como medios inequívocos y exclusivos de la presencia divina, te puede llevar a la idolatría.
Ten cuidado; no te dejes manipular.
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