Tuturutu: Vigía Permanente

Tuturutu: Vigía Permanente

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21/01/2026

HUYENDO DE UN PUERTO SILENCIOSO

Autora: Natalia Lima

Dejaré que muera en mí el deseo de amar tus ojos, que son dulces.
Porque nada podré darte, salvo el dolor de verme eternamente cansada.
Mientras tanto, tu presencia es como la luz y como la vida,
y siento que en mi sentir existe tu sentir,
y en mi voz existe tu voz.
No quiero tenerte, porque todo en mi ser moriría finalmente.
Solo permitiría que surjas de mí como la fe en los desesperados,
para poder llevar una gota condensada sobre esta tierra maldita
que permaneció en mi carne como un n**o del pasado.
Te dejaré…
Tú te irás y recostarás tu rostro en otro rostro,
y tus dedos se entrelazarán con otros dedos,
y te entregarás a la madrugada.
Pero tú jamás sabrás que quien fue testigo de tu desnudez cauta fui yo,
porque yo he sido lo más íntimo de la noche.
Yo recosté mi rostro en el rostro de la noche,
yo vi tu hablar delicado,
yo entrelacé mis dedos en los dedos de la neblina suspendida en el espacio,
y ella trajo hasta mí la misteriosa esencia
de tu abandono desordenado.
Me quedaré sola como los barcos en los puertos silenciosos,
y como quien espera una marea que siempre llega,
partiré sabiendo que tuve la aventura secreta
que solo los valientes son capaces de vivir.
Partiré y oiré los lamentos del mar, del viento, de las aves,
del cielo y de las estrellas,
en un firmamento centellante que intenta venderme calma
y, aun así, me empuja hacia un horizonte
que jamás alcanzo a ver.
Al final, en este viaje eterno,
mientras mi barco siga navegando,
oiré al mundo
y en él estará tu voz presente, tu voz ausente y será tu voz serena.

Se recomienda escuchar mientras se lee:
https://www.youtube.com/watch?v=OsT07IVcb50&list=RDOsT07IVcb50&start_radio=1

19/12/2025

¡YA SÉ EN QUÉ MOMENTO SE JODIÓ EL PERÚ!

Autor: Gabriel Echevarría

La pregunta que muchos hemos escuchado; que aún más nos hemos hecho y que muy pocos pensamos en una respuesta real ¿En qué momento se jodió el Perú? Ya sabemos la situación actual en diferentes ámbitos de nuestro hermoso país: social, cultural, de seguridad, político, educativo y económico, y estoy seguro de que más de uno pensará y espero que lo comentes amigo lector ¿De quién crees que es la culpa? En qué personaje, entidad, grupo social recae la responsabilidad de haber jodido nuestro país. Te invito a que lo comentes, lo debatas, lo discutas con amigos, pareja, familia; en una cita, en reuniones y por qué no, en la cena navideña o de año nuevo.
Entonces, ¿En qué momento se jodió el Perú? Quizá algunos piensen que sucedió cuando se desató el caos por el terrorismo ocasionado por el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y Sendero Luminoso, pero no, al menos no desde mi punto de vista. Esas agrupaciones incrementaron el caos, desigualdad y precariedad ya existente. Entonces ¿Fue por la gran inmigración de personas que viajaron desde diferentes provincias hacia la capital? O quizá por la gran corrupción política alimentada por la máquina de billetes llamada Odebrecht. Otro culpable puede ser el encierro por la pandemia; la lenta y falta de justicia; el sistema de salud deplorable y desigual; el pésimo sistema de transporte y el tráfico agobiante o la inseguridad en incremento; podría continuar enlistando un sin fin de posibles culpables que está llevando a la decadencia de nuestro país.
Discúlpame lector si parezco pesimista, pero en mis cortos 37 años y con un poco de investigación y pensamiento crítico podría decir que nos dirigimos a un futuro distópico y terminaremos haciendo realidad la famosa frase “El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro”, siendo el banco todos los recursos naturales, culturales, de innovación y de talento humano. Lo que he podido extraer de mi análisis desde hace unos años es que los peruanos sufrimos de un cáncer que ha hecho metástasis, llamado egoísmo. Puede parecer ridículo o incluso infantil esa opinión, pero es real.
La famosa ley “del más vivo” o seguir a rajatabla “el manual del pendejo” no son nada más que acciones que tienen por detrás el egoísmo de personas pobres del concepto del bien común. El chófer de transporte público que corre para ganar pasajeros a otro o que obstruye el paso peatonal o la ciclovía sólo porque quiere esperar menos o porque “le ganó” el espacio a otro vehículo; otra situación es cuando un ciudadano arroja basura al piso, jardín o el espacio que hay entre una reja y una puerta en vez de llevarse ese desecho a su casa o arrojarlo al tacho de basura más cercano; o cuando no recogen las heces de su mascota; cuando un político hace lobby en beneficio de su bolsillo en vez de una ciudad, pueblo o comunidad; cuando un policía recibe una coima o un conductor que decide manejar borracho poniendo en riesgo su vida y a las que se cruza en su camino; de esta manera podría hacer otra lista de cómo éste cáncer se ha extendido en todo nuestro territorio.
¿Entonces cómo podemos extirpar este tumor maligno? El trabajo no será sencillo y precisará de una acción constante. Lo primero es reconocer nuestra responsabilidad ante esta enfermedad y que lo que está mal en nuestra ciudad no sólo es culpa del gobierno, del vecino o simplemente de un tercero. Con esto no quiero exhortar a que nos comportemos como santos o personas libres de culpas, solo que seamos cada día más conscientes de nuestra responsabilidad como ciudadanos. Un buen inicio es informándonos, como dice la frase: “el conocimiento es poder” Y así es, si tienes el conocimiento de los daños que puede causar tu decisión, tu acción o inacción: de no recoger las heces de tu mascota, de botar la basura donde no corresponde, de no respetar las reglas de tránsito, etc. Sabrás cuál es tu error y cómo no repetirlo o mejor aún, evitarlo. Una vez que has ampliado tu conciencia y conocimiento, el siguiente paso es transmitirlo a otras personas, iniciando con familiares y amigos, creando un efecto multiplicador.
Si lo que buscas es elevar aún más tu nivel de conciencia, te recomiendo lo siguiente, descuida que no tendrás que realizar alguna clase de meditación, cambiar de religión o seguir a un “gurú motivacional o coach de vida”; sólo practica la empatía. Para los que no están familiarizados con esta palabra, les explico brevemente: La empatía (según la RAE) es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. En otras palabras, ponerse en los zapatos del otro. Excluyo de esta práctica a los delincuentes (parece ridícula la aclaración, pero esto es tema de otro artículo). La empatía, término que ya no se escucha y mucho menos se practica, algo tan sencillo, pero que puede generar cambios significativos en uno mismo, en el prójimo y en el entorno. Al ser empático, dejas el egoísmo por debajo del bien común en una situación específica. Créeme, amigo lector, que entre más practiques la empatía mejor te sentirás contigo mismo, está tan subvalorada que estoy seguro de que sacarás más de una sonrisa y le cambiarás el día a otra persona, además, qué mejor forma de aumentar las endorfinas que ser amable con otra persona y lo mejor de todo: No cuesta nada ser amable.

24/09/2025

PAJAROS NEGROS
Autora: Natalia Lima

Era de noche; estaba oscuro, como de costumbre, pero esta vez la oscuridad se sentía distinta: escondida en la casa gris y resguardada por una madre prestada. Me escondo porque sé que mi luz está menguando desde que aquel cuervo logró entrar en mi hogar.
Ahora que lo pienso, no sé cómo no pude percibir que aquella bella ave negra que siempre cantaba en mi ventana, era un cuervo que esperaba pacientemente para arrancarme los ojos.
«Un día a la vez», me decía a mí misma cada vez que veía que un día avanzaba sin percibirlo. Los días y las noches estaban ligados, y las interrupciones de las pesadillas aterradoras que me acosaban cada vez que cerraba los ojos se habían ido.
Había dejado de dormir, escondida una vez más en aquella casa gris.
Mi madre me decía —o, mejor dicho, las cosas que no decía las veía en sus ojos— y, un día inesperado, aquel cuervo que me hizo huir de casa llegó a mi refugio y mi madre lo dejó pasar. Verla reír y hablar con soltura con quien casi me hizo perder la cordura fue inquietante.
Creo que, con los días posteriores a la visita del cuervo, me resigné a tenerlo siempre siguiéndome a donde fuera que yo fuera; o quizá era yo quien lo invocaba con los pensamientos cada vez que me descuidaba y me perdía en mí misma.
Con los días venideros lo dejé entrar sin protesta e incluso permití que se sentara a mi lado mientras comía algo de vez en cuando.
El cuervo, un día, evitó mi mirada, pero llamó a otro cuervo más. Oí los graznidos viajar por el aire y, por primera vez en mi vida, deseé estar aislada en un espacio vacío donde ningún ruido pudiera alcanzarme. Quizá siempre fue el plan del cuervo mantenerme asustada y así adentrarse cada vez más en mi vida.
Creo que me fui acostumbrando a la oscuridad que el cuervo cernía sobre mí y que reflejaba en mi casa cada vez que entraba en mi cuarto. Esta vez dejé que los días pasaran por mí, pero ya no con intención de huir; creo que simplemente me acostumbré a la oscuridad.
Un día bromeé con el cuervo al saber que volaría lejos —irónico ahora que lo pienso—. Recuerdo haberle dicho: «Sé que quieres distancia de este lugar, pero no debes volar tan lejos para poder alejarte de mí». Y al día siguiente el cuervo voló.
De una forma extraña me sentí libre; sabía que todo cambiaría, pues la oscuridad se la había llevado con él, y no supe por mucho tiempo que esa extraña ave que siempre me visitaba era quien la traía.
Noté que un poco de luz entraba cada vez, y la energía, poco a poco, regresó a mí. De forma instintiva empecé a preguntarme: «¿Esto es bueno para mí?» Y así, de forma simple, todo empezó a andar.
No puedo negar que me trae alivio que ese cuervo se haya ido; temía que no se conformara con mis ojos y se convirtiera en el carroñero que aguardara mi inminente muerte para alimentarse de mi carne putrefacta, condimentada con años de miedo y dolor.
Mi aterrador cuervo ya no estaba, y aun de vez en cuando escucho su graznido; a través del tiempo —aunque lejos de mi está— llega a mis oídos sin dificultad alguna.
Pobre cuervo: ojalá tus alas resistan de tanto volar. Espero no encuentres el camino a mi casa si piensas en regresar.
Mis días, ahora libres de pájaros negros, casi tocan el cielo: música, compañía afortunada y manjares en el paladar. De cierta forma agradezco que mi escondite en la casa gris fuera descubierto por el cuervo que me forzó a salir, y la fortuna de la vida que lo llevó lejos de mí.
Cuervo negro, sea donde estés o donde pienses estar: si algún día piensas en mí, no dejes de volar y olvida que alguna vez pensaste alimentarte de mis ojos dentro de mi hogar.

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