Rodrigo G. Puerta
21/05/2026
No todo lo que piensas es cierto, pero suena convincente.
La mente repite, anticipa, exagera. Y si no hacemos una pausa, terminamos creyéndole todo.
Por eso la práctica no es dejar de pensar, es aprender a no seguir cada pensamiento.
A crear un pequeño espacio.
A volver al cuerpo.
A la respiración.
Porque ahí, en lo más sutil, aparece algo distinto:
más claridad, menos ruido y más verdad.
A veces creemos que sanar es dejar de sentir el dolor.
Pero hay pérdidas que no vienen a “cerrarse”, vienen a enseñarnos a vivir distinto.
A sostener la risa con un n**o en la garganta.
A agradecer incluso con el corazón roto.
Es el corazón aprendiendo a ser más grande para que el amor y la ausencia puedan habitar el mismo espacio.
Si estás ahí, no lo estás haciendo mal. Estás aprendiendo a vivir con el corazón abierto.
Texto adaptado de Chelsea Backman
A veces no necesitamos tomar la mejor decisión,
necesitamos atrevernos a tomarla y aprender a estar en paz con la que tomamos.
La mente se queda atrapada en los ¿y si…? y los hubiera,
pero vivir desde ahí solo nos aleja del presente.
Decidir también es soltar otras posibilidades. Y eso requiere valentía.
Confía en que hiciste lo mejor que podías con lo que sabías en ese momento. Y desde ahí, sigue caminando.
La pausa también es esto: dejar de pelearte con tus decisiones.
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