Psic. Nadia Rico
La no es solo un cambio físico, es una transformación integral.
A nivel psicológico, hay una reconfiguración de la identidad:la mujer deja de ser únicamente quien era antes, para integrar un nuevo rol con mayores responsabilidades, exigencias y expectativas (propias y sociales).
Esto puede generar ambivalencia, dudas, sensación de pérdida de la identidad previa y una necesidad mucho mayor de validación.
En el plano emocional, suele haber una intensificación:
mayor sensibilidad, irritabilidad, ansiedad o culpa.
No porque “algo esté mal”, sino porque el sistema emocional está adaptándose a un cambio significativo, muchas veces acompañado de cansancio y sobrecarga.
A nivel cognitivo, los pensamientos también cambian:
se vuelven más anticipatorios, más enfocados en el cuidado y la protección, lo que puede aumentar la preocupación o la sensación de estar constantemente alerta.
Desde lo cognitivo conductual esto es clave:
pensamientos como “no me entiende” o “estoy sola en esto” influyen directamente en la emoción (tristeza, frustración, enojo) y en la conducta (distanciamiento, irritabilidad, conflicto).
Y es aquí donde muchas veces la relación de pareja se ve afectada. Cuando la pareja o el entorno no comprenden estos cambios, o los minimizan con frases como “no estás enferma, solo eres mamá”, lo que ocurre es una invalidación emocional.
La mujer no está buscando conflicto.
Está buscando sostén, comprensión y acompañamiento en un momento de alta vulnerabilidad.
💬 Validar no es consentir. Validar es acompañar.
A veces el dolor no se vuelve más intenso…
solo se queda sin espacio.
El duelo perinatal no necesita prisa,
necesita lugar.
Un lugar donde se pueda nombrar al bebé,
hablar del vínculo, darle sentido a lo que se perdió.
Porque sanar no es olvidar. Es integrar.
Este tipo de duelo no solo vive en quien lo atraviesa,
también impacta en la pareja, en la familia y en etapas como el embarazo arcoíris, donde conviven la esperanza y el miedo.
Como terapeutas —y como humanos— no estamos para “arreglar” el dolor.
Estamos para sostenerlo.Para validar sin juicio.
Para acompañar sin apresurar.
Porque cuando el dolor encuentra un espacio seguro,
deja de sentirse en soledad… y empieza, poco a poco, a transformarse.
Y muchas veces es el inicio de la sanación.
El amor es importante, pero no suficiente para sostener una relación.
Las dificultades en pareja no siempre se explican por falta de afecto, sino por la interacción entre patrones aprendidos, interpretaciones disfuncionales y habilidades que no se han desarrollado.
Desde un enfoque cognitivo-conductual, el trabajo terapéutico se centra en identificar y modificar pensamientos, emociones y conductas que influyen en la dinámica de la relación. Esto incluye fortalecer la comunicación, la regulación emocional, la construcción de acuerdos y la capacidad de reparación después del conflicto.
Además, el abordaje de esquemas permite trabajar patrones más profundos que se activan en el vínculo, mientras que la mirada cultural ayuda a comprender las expectativas que cada persona tiene sobre el amor y la pareja.
Las relaciones no solo se sienten, también se construyen. Y esas herramientas pueden aprenderse en terapia.
Desde el enfoque sistémico, muchas crisis son esperables dentro del ciclo vital.
Pero cuando la pareja no logra adaptarse, aparecen problemas más complejos.
Desde la terapia cognitivo-conductual entendemos que estos conflictos se mantienen por:
– creencias rígidas
– interpretaciones sesgadas
– patrones de evitación
Y sí, esto también afecta la sexualidad.
Lo que mantiene el programa no es el conflicto… Sino como se interpreta y se responde a él.
✨ La terapia no solo resuelve crisis, también ayuda a reorganizar la relación. Permite intervenir tanto a nivel individual como la dinámica de pareja.
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