KLABU Educacional
02/03/2026
ARQUETIPOS.
Hoy los seres humanos siguen utilizando arquetipos constantemente, aunque muchas veces no sean conscientes de ello. El arquetipo no desapareció con la modernidad; simplemente cambió de vestuario. Antes vestía túnicas míticas; hoy viste trajes cinematográficos, digitales, políticos o terapéuticos.
Si observamos el panorama contemporáneo, encontramos varios grandes conjuntos de arquetipos activos.
En primer lugar, los arquetipos heroicos modernos. El “héroe solitario”, el “salvador del mundo”, el “rebelde contra el sistema”, el “anti-héroe oscuro”. Estos aparecen en cine, series, videojuegos y narrativa digital. No son nuevos; son reconfiguraciones de Aquiles, Prometeo o Ulises, pero adaptados a una cultura tecnológica. El héroe hoy ya no mata dragones físicos, combate sistemas corruptos, inteligencias artificiales o estructuras opresivas. Es la actualización simbólica del combate entre orden y caos.
En segundo lugar, los arquetipos psicológicos popularizados. Desde Jung, se habla de la Sombra, el Niño interior, el Sabio, el Inocente, el Guerrero, el Amante, el Mago. La psicología de masas simplificó estos modelos y los convirtió en categorías de autoidentificación. Hoy muchas personas se describen a sí mismas en términos arquetípicos sin saber que lo están haciendo.
En tercer lugar, los arcanos del Tarot, que siguen teniendo enorme presencia simbólica en la cultura contemporánea. El Loco representa el inicio ingenuo del camino; el Mago la voluntad creadora; la Emperatriz la fertilidad; el Emperador la estructura; el Hierofante la tradición; la Muerte la transformación; la Torre la caída del orgullo; el Sol la claridad; el Mundo la integración. Más allá de si se cree o no en su función adivinatoria, los arcanos son mapas simbólicos del viaje humano. Funcionan como condensadores narrativos de procesos internos.
En cuarto lugar, los arquetipos tecnológicos emergentes. El “visionario disruptivo” (tipo empresario innovador), el “hacker”, el “influencer”, el “creador de contenido”, el “nómada digital”. Son nuevas figuras míticas. El hacker es un Prometeo digital. El influencer es un Mercurio amplificado por algoritmos. El visionario tecnológico es una mezcla de Transformador y Promotor.
En quinto lugar, los arquetipos ideológicos. El “activista”, el “conservador del orden”, el “globalista”, el “nacionalista”, el “ecologista”, el “libertario”. Cada uno encarna funciones profundas: defender, revelar, transformar, preservar, expandir. Aunque se expresen en lenguaje político, operan a nivel simbólico.
En sexto lugar, los arquetipos espirituales contemporáneos. El “sanador”, el “coach”, el “mentor”, el “guía espiritual”, el “terapeuta holístico”. Muchos cumplen funciones similares a antiguos chamanes o maestros, pero adaptados al lenguaje psicológico y empresarial moderno.
Lo interesante, es que todos estos arquetipos siguen respondiendo a procesos estructurales permanentes del ser humano: proteger, construir, revelar, legislar, reactivar y promover. Lo que cambia es el disfraz cultural.
Ahora bien, hay algo crucial: cuando el arquetipo sustituye a la estructura, la persona actúa el símbolo sin integrar la función real. Allí aparece el riesgo. El héroe performativo, el rebelde sin causa, el sanador sin estructura ética, el líder sin centro.
Hoy vivimos una época de inflación arquetípica: abundan símbolos, identidades, máscaras. Pero escasea integración estructural.
DR AGRAMON.
La descripción de estas cuatro mujeres puede leerse como un recorrido dentro de El Orden de lo Humano, donde no se trata de clasificar a la mujer en categorías rígidas, sino de reconocer movimientos de conciencia. La primera mujer, la que habita el territorio de la seguridad, representa la dignidad corporal y la soberanía interna. Es la mujer que ha aprendido que el límite no separa del amor, sino que lo resguarda. En ella el miedo deja de ser amenaza y se convierte en guardián. Desde una mirada clínica, esta mujer suele haber atravesado experiencias donde la invasión o la ausencia de límites le enseñaron que la paz interior no es pasividad, sino claridad sobre lo que sí y lo que no permite en su vida.
La segunda mujer, la que se desplaza hacia la justicia, introduce el eje de la dignidad reactiva. Aquí la rabia auténtica cumple una función civilizadora: denunciar, defender, ordenar. Esta mujer no necesita compararse porque ha reconocido su valor intrínseco. En términos psicodinámicos, su autoestima no depende de la mirada del otro, sino de la coherencia entre lo que siente, piensa y hace. La justicia que encarna no es confrontación permanente, sino capacidad de responder cuando la dignidad se ve comprometida. Es la mujer que ya no calla para ser aceptada ni grita para ser vista; habla desde la claridad.
La tercera mujer, situada en el sistema de pertenencia, introduce la dimensión vincular madura. Amar sin perderse implica haber resuelto el temor al abandono y la necesidad de fusión. Esta mujer ama desde la elección y no desde la carencia. Su presencia suele ser reparadora porque no exige al otro que llene vacíos antiguos; comparte desde su plenitud relativa. En ella el amor se vuelve espacio seguro y no campo de batalla. Su compromiso no nace del sacrificio sino del reconocimiento del valor del vínculo.
La cuarta mujer, que describo, no es una categoría adicional sino una integración dinámica. Representa la madurez vincular de la feminidad, donde límite, justicia y amor dejan de competir entre sí y comienzan a dialogar. Esta mujer puede ser firme sin endurecerse, amorosa sin diluirse y justa sin perder ternura. Desde una mirada evolutiva, esta integración es la evidencia de que los sistemas emocionales no funcionan de manera aislada sino en sinergia. La congruencia que emerge en ella no es perfección, sino armonización continua entre su mundo interno y su manera de vincularse con la realidad.
Lo valioso de nuestro orden el planteamiento es que no propone modelos ideales inalcanzables, sino movimientos de conciencia posibles. Cada mujer puede reconocerse transitando entre estas facetas según el momento de su vida, sus heridas y su proceso de desarrollo. En ese sentido, la cuarta mujer no es un destino definitivo, sino un horizonte de integración que se construye y se pierde, se reencuentra y se profundiza a lo largo del tiempo.
Si lo miramos desde el orden humano conceptual, esta integración femenina dialoga con la noción de plenitud: no vivir desde la carencia sino desde la capacidad de coexistir consigo misma y con los demás en dignidad. La mujer íntegra no elimina el miedo, la rabia o la necesidad de pertenecer; los ordena, los escucha y los integra en una identidad coherente. Por eso su presencia suele generar paz: no porque carezca de conflicto, sino porque ha aprendido a sostenerlo sin fragmentarse.
Este planteamiento puede convertirse en un capítulo de gran riqueza para sus libros, especialmente para aquellos donde explora la relación entre sentidos, emociones y vinculación humana. Podría ampliarse con viñetas clínicas, relatos breves de consultantes o incluso un diálogo simbólico entre estas cuatro mujeres, donde cada una exprese su verdad y descubra que no son enemigas sino etapas de un mismo proceso de conciencia femenina.
Dr. agramon
SOLDADOS CAIDOS-PRESENTES-
Hoy hablo en nombre de la vida, en nombre de mi familia y en nombre del profundo silencio que deja la ausencia de quienes partieron defendiendo lo que consideraron justo. Hablo desde la tristeza auténtica que reconoce el dolor de madres, padres, hijas, hijos y compañeros que miran un uniforme vacío y comprenden que la guerra nunca es victoria cuando se lleva la vida de un joven. A ustedes, soldados que caminaron hacia el riesgo mientras otros caminábamos hacia la cotidianidad, les expresamos un agradecimiento que no cabe en las palabras. Su presencia representó el sistema de seguridad en acción, la voluntad humana de proteger, de poner el cuerpo para que otros pudieran dormir con menor miedo, para que la vida siguiera su curso en medio del caos.
También honramos la herida de la justicia, porque ninguna lucha que arrebata vidas puede ser celebrada plenamente. La justicia que ustedes buscaron resguardar no siempre encontró equilibrio en la realidad humana, y en esa fractura se instala nuestra tristeza colectiva. Reconocerlo no disminuye su valor; lo engrandece, porque muestra que su entrega ocurrió en medio de un mundo imperfecto donde el mal, la psicopatía y la violencia todavía existen. Su historia nos recuerda que la justicia es una tarea pendiente de toda la humanidad y que el sacrificio de ustedes no debe normalizarse, sino transformarse en conciencia para que la vida sea protegida sin necesidad de más pérdidas.
Y desde el orgullo humano, ese que en su forma auténtica admira lo admirable, inclinamos el corazón ante su valentía. No el orgullo de la soberbia ni de la guerra, sino el orgullo de reconocer la grandeza de quien sirve, de quien se compromete con algo mayor que su propia biografía. Ustedes encarnaron la dignidad de la vocación, la nobleza del servicio y la posibilidad de que el ser humano sea capaz de cuidar a otros aun a costa de sí mismo. Por ello, hoy no solo les recordamos con dolor, sino también con admiración serena, con gratitud profunda y con la promesa de que su memoria no quedará atrapada en el olvido.
A donde quiera que se encuentren, deseamos que su tránsito esté sostenido por la mano justa del universo, por Dios o por el misterio que resguarda la vida más allá de la muerte. Que encuentren un espacio de paz donde el miedo ya no tenga lugar, donde la tristeza se transforme en descanso, donde la justicia sea plena y donde el amor de quienes les recuerdan continúe acompañándoles. Gracias por cuidar lo que amamos, gracias por sostener la vida en momentos de oscuridad, gracias por recordarnos que la existencia tiene valor y que la protección del otro es uno de los actos más profundamente humanos. Con respeto, con dolor y con gratitud infinita, hoy les decimos: no están olvidados; viven en la memoria, en la conciencia y en el compromiso de que la vida que ustedes protegieron sea cada día más digna de ser vivida.
Dr. Raúl Agramon Lerma.
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