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01/08/2022
Nutrición alternativa a los fertilizantes sólidos
El consumo de sales fertilizantes solubles y granulados en México, alcanzó, según el GCMA (Grupo Consultores de Mercados Agrícolas), los 5.4 millones de toneladas para el año 2021, de las cuales, 62 % son importadas. Tradicionalmente el costo relativamente bajo y el mayor aporte de “unidades” que confieren las sales solubles, frente a otros fertilizantes con mayor tecnología, los ha transformado en la herramienta preferida por los productores agrícolas, a la hora de nutrir sus cultivos. Esta misma accesibilidad ha facilitado el abuso a la hora de dosificar y hoy podemos ver cómo, tras décadas de aportar sales a los suelos, estos muestran los signos evidentes de deterioro físico, químico y biológico, lo que ha traído como consecuencia la pérdida de la fertilidad de amplias zonas agrícolas de la república. Se suma a este problema, el deterioro constante en la calidad del agua de riego, que lenta, pero constantemente ha elevado los niveles de sodio principalmente, dando como resultado, que al día de hoy ya nos encontramos con suelos salinosódicos, de difícil y costosa recuperación, que se vuelven año con año menos productivos. El reciente conflicto bélico en el este de Europa, trajo como consecuencia inmediata el encarecimiento de productos básicos utilizados por los productores agrícolas, quienes se encuentran hoy ante la disyuntiva de cómo enfrentar el problema, ¿fertilizar menos o asumir los costos?, presentándose una oportunidad sin igual, para incorporar en los programas de nutrición vegetal, productos líquidos de alta eficiencia, es decir, productos líquidos que, son más fácilmente absorbidos por las raíces, ya que los cationes o aniones que la planta necesita, vienen acomplejados o quelatados, preferentemente por una molécula orgánica (mono o polisacáridos, ácidos orgánicos, etc.) o química (etanolamina, ortofosfato de magnesio, etc.) que le permite al elemento en cuestión mantenerse disponible para ser absorbido con un menor gasto de energía por los pelos radiculares. El menor gasto de energía a la hora de nutrir un cultivo, se ve recompensado en el momento de la cosecha, con producciones de mayor peso y calidad. Para el suelo, los beneficios de usar este tipo de productos son, el mínimo impacto de la nutrición sobre la conductividad eléctrica de la solución del suelo y las menores dosis utilizadas en los aportes semanales. Esto contribuye a la recuperación paulatina de sus características físico-químicas, siendo parte esencial de los programas de recuperación de suelos deteriorados. En términos económicos, prácticamente no existe aumento de los costos, pero sí aumento de rendimientos, con un balance absolutamente positivo para el productor. La mayor dificultad para implementar estos programas nutricionales, es que muchos de los productores “extrañan” las unidades de fertilizantes, pues, al hacer los “números”, simplemente, las cuentas no dan. Es acá donde se logra ver la eficiencia de los productos. No son productos milagrosos. La tradicional forma de nutrir “sumando unidades de fertilizante” queda obsoleta frente a estas tecnologías, ya que la planta no absorbe “kilos” de fertilizante sino que absorbe “moléculas” o “átomos”, que para ser cuantificados, deben ser medidos en “milimolares”, que es una medida química que cuantifica el número total de átomos de un determinado catión o anión en una solución, como la del suelo, pero acá la historia se complica y nos da la entrada para una próxima cápsula informativa.
Gonzalo Bernal Salinas
Ing. Agrónomo PUCV Especialista en nutrición vegetal
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