Coaching de Co-Razón a Compostela

Coaching  de Co-Razón a Compostela

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Photos from Coaching  de Co-Razón a Compostela's post 17/07/2026

La misión del proyecto nace de una mirada profunda hacia el desarrollo humano y organizacional. Parte de la convicción de que cada persona y cada institución poseen un potencial que puede desplegarse cuando existe un espacio que favorece la introspección, el discernimiento y la transformación. Esta misión no se limita a definir un objetivo: propone un modo de acompañar procesos que permitan crecer, ordenarse y actuar desde una identidad más plena. Es el punto de partida que orienta todo el trabajo y que da sentido a la propuesta de facilitar un camino interior capaz de abrir nuevas posibilidades de acción y de vida.

𝗣𝗶𝗻𝗰𝗵𝗮 𝗮𝗾𝘂𝗶́ 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘁𝗲𝗻𝗲𝗿 𝗺𝗮́𝘀 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻:
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Conócete, Comunícate y Relaciónate
En Camino desde el Corazón

10/06/2026

EN CAMINO DESDE EL CORAZÓN

𝗧𝗿𝗮𝗺𝗼: 𝗔𝘀𝘁𝗼𝗿𝗴𝗮 → 𝗠𝘂𝗿𝗶𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗥𝗲𝗰𝗵𝗶𝘃𝗮𝗹𝗱𝗼 → 𝗦𝗮𝗻𝘁𝗮 𝗖𝗮𝘁𝗮𝗹𝗶𝗻𝗮 𝗱𝗲 𝗦𝗼𝗺𝗼𝘇𝗮 → 𝗘𝗹 𝗚𝗮𝗻𝘀𝗼 → 𝗥𝗮𝗯𝗮𝗻𝗮𝗹 𝗱𝗲𝗹 𝗖𝗮𝗺𝗶𝗻𝗼

En el tramo que une Astorga con Rabanal del Camino —uno de los más simbólicos del Camino Francés, donde la meseta empieza a transformarse en montaña y el paisaje invita a renacer— avanza un grupo de mujeres que han atravesado una crisis personal y que, tras un proceso de formación en inteligencia emocional, han aprendido a mirarse con más ternura, a valorarse y a construir relaciones sanas.

No caminan para huir de nada. Caminan para celebrar lo que han recuperado: su fuerza, su voz, su dignidad.

Mujeres que han vuelto a encontrarse consigo mismas

Son ocho mujeres, cada una con una historia distinta:

Clara, que salió de una relación donde se había ido apagando. Nuria, que tras una pérdida aprendió a sostenerse sin perderse. Elena, que descubrió que cuidar de todos no significa olvidarse de sí misma. Mar, que dejó atrás años de inseguridad para empezar a confiar en su criterio. Rosa, que aprendió a poner límites sin sentir culpa. Julia, que descubrió que su valor no depende de la aprobación ajena. Ana, que se reconcilió con su cuerpo y con su historia. Teresa, que por fin se permitió pedir ayuda.

Todas han pasado por un proceso de formación en autoconocimiento, autoestima, gestión emocional y vínculos sanos. Y hoy caminan juntas como símbolo de ese renacer.

El Camino como metáfora de transformación

A la salida de Astorga, mientras dejan atrás la ciudad y se adentran en los primeros repechos, el grupo avanza en silencio. No es un silencio triste. Es un silencio lleno de presencia.

En un tramo donde el sendero se abre, surge una conversación que refleja lo vivido:

Clara dice: —Antes me daba miedo estar sola conmigo misma. Ahora siento que soy buena compañía.

Nuria responde: —Yo he aprendido que sentir no es un problema. Es una brújula.

Elena añade: —Y que poner límites no es alejarse, es cuidarse.

Mar sonríe: —Yo he descubierto que puedo querer sin perderme.

Rosa concluye: —La autoestima no es un destino. Es un camino… como este.

Conversaciones que solo nacen cuando se camina desde la verdad

A medida que avanzan, las mujeres comparten aprendizajes:

• Que el autoconocimiento no siempre es cómodo, pero siempre libera.

• Que la autoestima se construye con actos pequeños y constantes.

• Que las relaciones sanas empiezan por una relación sana con una misma.

• Que la vulnerabilidad no es debilidad, sino valentía.

• Que la empatía también se dirige hacia dentro.

• Que sanar no es olvidar, sino integrar.

Hablan de lo que dejaron atrás: miedos, dependencias, silencios, culpas heredadas. Y de lo que han ganado: claridad, fuerza, serenidad, autenticidad.

El Camino se convierte en un espejo donde cada una se reconoce más luminosa.

La llegada a Rabanal del Camino

Cuando las primeras casas de Rabanal aparecen, rodeadas de verde y de aire fresco de montaña, el grupo se detiene. El pueblo, pequeño y silencioso, parece un lugar perfecto para cerrar la etapa.

Se sientan en un banco de piedra, dejan las mochilas en el suelo y comparten un último gesto:

Cada una dice una palabra que representa su proceso y una palabra que representa su futuro.

Las palabras forman un mosaico precioso:

Renacer – Libertad Valentía – Calma Límites – Dignidad Escucha – Luz Autocuidado – Futuro Fuerza – Confianza Aceptación – Paz Autenticidad – Camino

Las miradas se llenan de emoción. No son las mismas mujeres que llegaron a Astorga. Son más completas, más conscientes, más suyas.

Mañana seguirán caminando. Y aunque volverán a sus vidas, saben que algo de este tramo —este ascenso, este silencio, esta sororidad profunda— seguirá acompañándolas en cada decisión, en cada relación y en cada paso hacia la vida que ahora eligen con libertad.

08/06/2026

EN CAMINO DESDE EL CORAZÓN

𝗧𝗿𝗮𝗺𝗼: 𝗟𝗲𝗼́𝗻 → 𝗩𝗶𝗿𝗴𝗲𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗖𝗮𝗺𝗶𝗻𝗼 → 𝗩𝗶𝗹𝗹𝗮𝗱𝗮𝗻𝗴𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗹 𝗣𝗮́𝗿𝗮𝗺𝗼 → 𝗦𝗮𝗻 𝗠𝗮𝗿𝘁𝗶́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗖𝗮𝗺𝗶𝗻𝗼 → 𝗛𝗼𝘀𝗽𝗶𝘁𝗮𝗹 𝗱𝗲 𝗢́𝗿𝗯𝗶𝗴𝗼

En el tramo que une León con Hospital de Órbigo —un camino que comienza entre calles antiguas y vivas, y poco a poco se abre hacia la meseta silenciosa, donde el viento parece llevarse lo que pesa— avanza un grupo de adolescentes que han perdido recientemente a uno de sus progenitores. Caminan acompañados por varios de sus profesores, que no están allí como docentes, sino como adultos que quieren sostener, escuchar y acompañar.

No es una excursión. No es una actividad escolar. Es un espacio para respirar, para nombrar lo innombrable, para sentirse menos solos.

Un grupo marcado por la ausencia… y por la necesidad de seguir adelante

Son doce chicos y chicas. Cada uno con una historia distinta, pero todos con un vacío que todavía no saben cómo colocar.

Lucía, que perdió a su madre y aún no puede entrar en la cocina sin sentir un n**o. Diego, que intenta ser fuerte por su padre, pero por dentro está roto. Sara, que no habla mucho, pero lleva semanas durmiendo mal. Hugo, que se enfada por todo porque no sabe cómo llorar. Nadia, que siente culpa por reírse a veces. Álvaro, que no soporta que la gente le diga “sé fuerte”.

Los profesores que los acompañan —Marina, Óscar, Elena y Tomás— caminan con ellos sin prisa, sin discursos, sin fórmulas. Solo con presencia.

El Camino como espacio para decir lo que duele

A la salida de León, cuando el bullicio de la ciudad queda atrás, el silencio se vuelve un refugio. Los adolescentes caminan en pequeños grupos, mezclándose, cambiando de ritmo, encontrando su propio modo de avanzar.

En un tramo donde el sendero se abre, surge una conversación que nadie había planeado:

Lucía dice en voz baja: —No sé quién soy sin ella.

Óscar, su profesor, responde despacio: —No tienes que saberlo ahora. Estás aprendiendo a vivir con algo que duele mucho.

Diego añade: —A mí me da miedo olvidarlo.

Marina le mira con ternura: —Recordar no es quedarse quieto. Es caminar con lo que fue importante.

Sara, casi susurrando, dice: —Yo solo quiero que alguien entienda que no estoy bien.

Elena le pone una mano en el hombro: —Aquí no tienes que fingir.

Y el grupo sigue caminando, más ligero, aunque el dolor siga ahí.

Conversaciones que solo nacen cuando se camina desde la verdad

A medida que avanzan, los adolescentes se atreven a decir cosas que nunca habían dicho:

—Me da rabia que la gente haga como si nada. —No soporto que me digan que el tiempo lo cura todo. —Tengo miedo de que mi familia se rompa. —No sé cómo hablar de esto con mis amigos. —A veces me siento culpable por seguir viviendo cosas bonitas.

Los profesores escuchan sin corregir, sin minimizar, sin intentar arreglar nada. Solo escuchan. Y esa escucha sostiene.

También comparten recuerdos:

Una canción. Un olor. Una frase que su padre o su madre repetía. Un gesto que ahora echan de menos.

Y descubren algo esencial: el dolor compartido pesa menos.

La llegada a Hospital de Órbigo

Cuando aparece el Puente del Paso Honroso, largo, imponente, cargado de historia, el grupo se detiene. El puente parece un símbolo perfecto: un lugar para cruzar de un lado a otro, para avanzar sin olvidar, para sostenerse unos a otros.

Se sientan en un lateral, dejan las mochilas en el suelo y comparten un último gesto:

Cada uno dice algo que quiere llevarse y algo que quiere dejar en este tramo.

Las palabras son sinceras:

—Quiero llevarme la sensación de que no estoy solo. —Quiero dejar aquí un poco de mi rabia. —Quiero llevarme el recuerdo de que puedo hablar. —Quiero dejar el miedo a llorar. —Quiero llevarme la fuerza de este grupo. —Quiero dejar la culpa.

Los profesores escuchan, emocionados. No han venido a enseñar nada. Han venido a acompañar. Y lo han hecho.

Mañana seguirán caminando. Y aunque el duelo no desaparece, saben que algo de este tramo —este puente, este silencio, esta compañía sincera— seguirá acompañándolos cuando vuelvan a sus vidas, a sus rutinas, a sus recuerdos… y a su manera única de seguir adelante.

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