SARA VAN
12/03/2025
✨🎸: Hoy nos ha dejado el maestro Fernando Castillo, un personaje histórico de sencillez honorable. Muy joven emigró a Nueva York, testigo y protagonista de la época dorada del criollismo, compañero de las voces y músicos más icónicos Del Satchmo al Waldorf Astoria y otros tantos escenarios suntuosos, don Fernando atesoraba divertidísimas anécdotas y sabía todas esas canciones que ya pocos saben. En su madurez, lejos de los focos y estridencias de los artistas mainstream, don Fernando abrazó el anonimato, pero nunca dejó de tocar para la comunidad emigrada de peruanos en New Jersey, que siempre lo aplaudió con el calor característico de los nuestros. Amé conocerlo, compartir la vida doméstica y anochecer cantando junto a él, que además sabía hacer unas armonías preciosas, a la vieja usanza. Echaré mucho de menos volver a encontrarlo cuando un día vuelva a la rodada trasatlántica.
Quienes consagran su vida a la música, portadores de esa fruición indeleble en el recuerdo, merecen una tercera edad robusta y confortable. Me duele cuando la cosecha no está a la altura de la siembra... Salud por sus vidas, maestro Fernando, maestro Carlos, maestro César... En la "más vida", ustedes habitarán los cielos peruanos de la gratitud y el reconocimiento; las estrellas besaran sus rostros como cañones de escena y los cometas se batirán en palmas al son de sus cuerdas. En otra vida, porque esta vida no sabe.
Aquí dejo esta captura de nuestra noche dorada en el Chelsea y lo abrazo como si fuera ahora mismo el final del concierto. Gracias por la música y por compartirla conmigo.
Con eterno afecto,
Su "Aserrín, Oropel".
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https://youtu.be/LvqvFhrVSTA?si=Z_48Fp2ehus2Zuq1
Éste es Alfredo Parrilla, poeta suburbano y estrella fulgurante de eternas noches del alma. Me regaló esta canción de su puño y letra que aquí les comparto en una vieja versión doméstica junto a dos grandes amigos y camaradas musicales, el bueno de Javier Fernández en la acústica y el bardo de Bruno Tambascio en la eléctrica y la armónica.
No le hago justicia al tema de Alfredo porque me como las letras, seguramente servidas con vino de la tierra, a tenor de mi condición de "aficionada". Al y yo crecimos cantando en bordillos de aceras, a la sombra de los pinos y al calor de su asilo en estudios Dulcinea. Lo quiero y lo admiro. Logró el sueño del pibe con esa banda fabulosa que tiene, Sabe. La fotografía es una captura de Muru Kan, otra suerte de genio de las artes que tengo el don de conocer.
Le dedico este post al Ninja Vagabundo, un querido amigo que perdimos en las postrimerías del 2024. Salud por la música que se practica en las periferias de la industria, por el puro amor de cantar con los amigos.
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