Parroquia de Cristo Rey

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27/08/2019

Día 1 de Septiembre de 2019

DOMINGO 22 DEL TIEMPO ORDINARIO (CICLO C)

LA HUMILDAD

En el Evangelio de este domingo (Lc 14,1.7-14), encontramos a Jesús como comensal en la casa de un jefe de los fariseos. Dándose cuenta de que los invitados elegían los primeros puestos en la mesa, Él contó una parábola, ambientada en un banquete nupcial. “Si te invitan a un banquete de bodas, no te coloques en el primer lugar, porque puede suceder que haya sido invitada otra persona más importante que tú, y cuando llegue el que los invitó a los dos, tenga que decirte: “Déjale el sitio” ... Al contrario, cuando te inviten, ve a colocarte en el último sitio” (Lc 14,8-10). El Señor no pretende dar una lección sobre etiqueta, ni sobre la jerarquía entre las distintas autoridades. Él insiste más bien en un punto decisivo, que es el de la humildad: “el que ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” (Lc 14,11). Esta parábola, en un significado más profundo, hace pensar también en la posición del hombre en relación con Dios. El “último lugar” puede representar de hecho la condición de la humanidad degradada por el pecado, condición por la cual sólo la encarnación del Hijo Unigénito puede ensalzarla. Por esto el propio Cristo “tomó el último lugar en el mundo – la cruz – y precisamente con esta humildad radical nos ha redimido y nos ayuda constantemente” (Enc. Deus caritas est, 35).

Al final de la parábola, Jesús sugiere al jefe de los fariseos que invite a su mesa no a sus amigos o parientes o vecinos ricos, sino a las personas más pobres y marginadas, que no tienen modo de devolvérselo (cfr Lc 14,13-14), para que el don sea gratuito. La verdadera recompensa, de hecho, al final, la dará Dios, “que gobierna el mundo... Nosotros le prestamos nuestro servicio en lo que podamos y hasta que Dios nos dé la fuerza para ello” (Enc. Deus caritas est, 35). Una vez más, por tanto, vemos a Cristo como modelo de humildad y de gratuidad: de Él aprendemos la paciencia en las tentaciones, la mansedumbre en las ofensas, la obediencia a Dios en el dolor, a la espera de que Aquél que nos ha invitado nos diga: “Amigo, sube más arriba” (cfr Lc 14,10); el verdadero bien, de hecho, es estar cerca de Él. San Luis IX, rey de Francia – cuya memoria se celebraba el pasado día 25 – puso en práctica lo que está escrito en el Libro del Eclesiástico: “Cuanto más grande seas, más humilde debes ser, y así obtendrás el favor del Señor" (3,18). Así lo escribía en su “Testamento espiritual al hijo": "Si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad y vigilar que no sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios no han de ser causa de que le ofendas" (Acta Sanctorum Augusti 5 [1868], 546). BENEDICTO XVI).

EL AFÁN DE HONORES

Por nosotros Jesús se hizo pobre. Se humilló hasta la muerte de Cruz para que entrásemos por la Puerta Estrecha y siguiéramos el camino que es él mismo. Y aceptando a su Padre como nuestro Padre y nuestro único Dios y Señor, no nos hicéramos ídolos (nuestra tentación permanente de idolatría).

1. EL AFÁN DE HONORES ES UN ÍDOLO

Junto a los ídolos del dinero y del poder hay un tercer ídolo, no menos importante, que es el afán de honores, cuya expresión más plástica nos la ofrece la imagen del banquete, con su presidencia, sus lugares de honor, sus últimos puestos... Esta diversidad se advierte también a veces en las eucaristías cristianas. Justamente en el evangelio de hoy, Lucas ofrece una teología de la asamblea cristiana, la cual, por ser expresión del amor a Dios y a los hermanos, ha de ser fraternidad de iguales.

2. LA ASAMBLEA CRISTIANA ESTÁ ABIERTA A TODOS

La asamblea cristiana está abierta a todos, pero con preferencia por los «pobres, lisiados, cojos y ciegos». El último puesto es el mejor, y el peor es el primero. Mejor dicho: sólo se puede presidir desde la humildad y la justicia, desde la igualdad y la caridad. Naturalmente, la riqueza impide la disponibilidad, mientras que la pobreza la favorece.

3. RENUNCIAR A LOS HONORES

Para entrar en el reino hay que renunciar a los honores, hay que ser desinteresado, generoso, gratuito... Lo contrario de lo que hace el fariseo, el cual, sediento siempre de honores, busca un lugar destacado en las sinagogas y en los banquetes y gusta de ser saludado en las plazas públicas. Aparentar, ser reconocido, ser valorado. El Señor nos propone el camino de la sencillez y de la humildad, que es “andar en la verdad”. Todo lo hemos recibido de Dios”El encanto de las rosas es que, siendo tan hermosas, no conocen que lo son” (Pemán, en El divino impaciente)
¿Por qué nos gustan tanto los honores? ¿Somos desinteresados, gratuitos, generosos? ¿Se da entre nosotros la acepción de personas?

07/08/2019

Día 11 de Agosto de 2019

DOMINGO 19 DEL TIEMPO ORDINARIO C

PREPARADOS PARA EL ENCUENTRO

En una sociedad como la nuestra, con tantas casas asegura¬doras, con tantos seguros de bienes y de vidas, con tantas ofer¬tas que garantizan un futuro feliz, el evangelio suena a utópi¬co, a algo que no tiene ya lugar, irrealizable o realizable sola¬mente por aquellos que tengan madera de héroes o de locos suicidas.
«Tranquilizaos, rebaño pequeño, que es decisión de vuestro Padre reinar de hecho sobre vosotros. Vended vuestros bienes y dadlos en limosnas; haceos bolsas que no se estropeen, un tesoro inagotable en el cielo, adonde no se acercan los ladro¬nes ni echa a perder la polilla. Porque donde está vuestra ri¬queza, está vuestro corazón.
Tened el delantal puesto y encendidos los candiles: pare¬ceos a los que aguardan a que su amo vuelva de la boda para, cuando llegue, abrirle en cuanto llame. Dichosos esos criados si el amo, al llegar, los encuentra en vela... » (Lc 12,32ss). La venida, la visita de Jesús, el amo, a la comunidad cris¬tiana, una comunidad de siervos o servidores, pues no se puede ser cristiano si no se es servidor de los demás, se efectúa en dos momentos: uno, en la eucaristía, en la que Jesús se hace presente en medio de la comunidad por la palabra y por la fracción del pan; otro, en la persecución y en la muerte de cada uno.
Para estos dos encuentros, el cristiano debe estar en vela. Y para estar en vela, dos son las actitudes básicas del discípu¬lo de Jesús:
- Primera: renunciar a los bienes de la tierra: «Vended vuestros bienes y dadlos en limosnas.» Tal vez la fórmula 'vender y dar' no sea hoy en nuestra sociedad la más eficaz. Hoy habría que hablar de invertir en crear puestos de trabajo, en hacer partícipe al obrero de la ganancia de la empresa u otras fórmulas similares. Pero el espíritu de dicho mandato evangélico es claro: ser solidarios, compartir, hacer partícipes a los demás de los bienes que llamamos 'propios'; ser misericordiosos, compasivos, justos. - Segunda: ejercer de servidores, pues la esencia del cris-tianismoes el servicio incondicional al prójimo hasta la muerte. «Conque, ¿dónde está ese administrador fiel y cuidadoso a quien el amo va a encargar de repartir a los sirvientes la ración a sus horas? Dichoso el tal empleado si el amo, al llegar, lo encuentra cumpliendo con su obligación. Os aseguro que le confiará la administración de todos sus bienes. Pero si el tal empleado, pensando que su amo tardará, empieza a maltratar a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, el día que menos se lo espera, y a la hora que no ha previsto, llegará el amo y lo pondrá en la calle, mandándolo adonde se manda a los que no son fieles» (Lc 12,42-47). De lo que llamamos 'nuestro' somos meros administrado¬res, no propietarios; y como administradores debemos servir sin abusos ni egoísmos; cuanto más elevados estemos en el escalafón social, más exigente será el servicio que debamos prestar. Sólo así estaremos preparados para la vuelta del amo de la boda, imagen del reino definitivo, que se anticipa cada vez que celebramos la eucaristía.

LA CONFIANZA EN DIOS
«Estad preparados»

1. LA DESIGNACIÓN DE LOS DISCÍPULOS COMO «PEQUEÑO REBAÑO»
-imagen muy repetida en el Antiguo Testamento- indica dos cosas: la pequeñez de su número y la protección de que es objeto por parte de Dios. La confianza del fiel está puesta en la donación del reino por Dios, que es la promesa fundamental hecha al cristiano. Por consiguiente, «buscar el reino» es acogerlo (Dios lo da) y llevarlo a cabo (con nuestra modesta ayuda). El deseo es claro: «Venga tu reino».

2. LAS DOS PARÁBOLAS SIGUIENTES incluidas en este pasaje se refieren al mismo tema: la espera vigilante del retorno del Señor. Esta es la actitud de los buenos servidores que aguardan toda la noche, en actitud de compromiso, la vuelta de su señor (recordemos que, cuando Lucas escribe su evangelio, Jesús ha ascendido al cielo, y sus discípulos esperan su retorno en la convicción de que es preciso mantenerse activamente despiertos y vigilantes frente a las dificultades que conlleva la incertidumbre de la «hora», del momento crucial); y es también la actitud del administrador sensato que se comporta justamente con sus súbditos.

3. LO QUE PRETENDE INCULCAR LUCAS EN ESTE EVANGELIO ES LA ACOGIDA que los cristianos --como Iglesia o comunidad- debemos dispensar a Dios, que llega como juicio, como salvación y como reino. De este modo le rendimos cuentas de lo que hacemos en cada momento. El acento está puesto en la confianza en el Padre. Se pretende desterrar el miedo y acrecentar la responsabilidad.
¿En que o en quién tenemos puesta nuestra confianza? ¿Nos sentimos verdaderamente responsables de lo que hacemos? ¿Esperamos confiadamente en Dios o tememos la venida del Señor

31/07/2019

Día 4 de Agosto de 2019
DOMINGO XVIII DEL TIEMPO ORDINARIO

EL DESAPEGO A LA RIQUEZAS

El tema central de este domingo es la avaricia. Las tres lecturas nos hablan de ella, cada una a su manera.
El Eclesiastés nos la presenta en aquel que se afana trabajando: “De día, dolores, p***s y fatigas; de noche no descansa el corazón”; y se pregunta: ¿Qué saca el hombre con todo eso?
Pablo, a su vez, afirma que la avaricia “es una idolatría”; o sea, que el que la tiene ha hecho de ella su dios.
Y Jesús dice a la gente: “Mirad, guardaos de toda codicia”; y cuenta la parábola del avaro que, encandilado con la prosperidad de sus cosechas, olvida la gran verdad: “Necio, esta noche te van a exigir la vida”.

PRIMERA LECTURA

¿Qué saca el hombre de todos los trabajos?

Lectura del libro del Eclesiastés 1, 2; 2, 21 23

¡Vanidad de vanidades, dice Qohelet; vanidad de vanidades, todo es vanidad! Hay quien trabaja con sabiduría,
ciencia y acierto,
y tiene que dejarle su porción a uno que no ha trabajado.
También esto es vanidad y grave desgracia.
Entonces, ¿qué saca el hombre de todos los trabajos y preocupaciones que lo fatigan bajo el sol?
De día su tarea es sufrir y penar, de noche no descansa su mente.
También esto es vanidad.
Palabra de Dios.

Salmo responsorial Sal 89, 3 4. 5 6. 12 13. 14 y 17 (R.: 1)

R. Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación.
Tú reduces el hombre a polvo, diciendo: «Retornad, hijos de Adán.» Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna. R.
Los siembras año por año, como hierba que se renueva: que florece y se renueva por la mañana, y por la tarde la siegan y se seca. R.
Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato. Vuélvete, Señor, ¿hasta cuando? Ten compasión de tus siervos. R.
Por la mañana sácianos de tu misericordia, y toda nuestra vida será alegría y júbilo. Baje a nosotros la bondad del Señor y haga prósperas las obras de nuestras manos. R.

SEGUNDA LECTURA

Buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses 3, 1 5. 9 11

Hermanos:
Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo, sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra.
Porque habéis mu**to, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios. Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros apareceréis, juntamente con él, en gloria.
En consecuencia, dad muerte a todo lo terreno que hay en vosotros: la fornicación, la impureza, la pasión, la codicia y la avaricia, que es una idolatría.
No sigáis engañándoos unos a otros.
Despojaos del hombre viejo, con sus obras, y revestíos del nuevo, que se va renovando como imagen de su Creador, hasta llegar a conocerlo.
En este orden nuevo no hay distinción entre judíos y gentiles, circuncisos e incircuncisos, bárbaros y escitas, esclavos y libres, porque Cristo es la síntesis de todo y está en todos.

Palabra de Dios.

Aleluya Mt 5, 3
Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

EVANGELIO

Lo que has acumulado, ¿de quién será?

+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 13 21

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
—«Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.» Él le contestó:
—«Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?» Y dijo a la gente:
—«Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.»
Y les propuso una parábola:
—«Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: “¿Que haré? No tengo donde almacenar la cosecha."
Y se dijo:
"Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida."
Pero Dios le dijo:
"Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?"
Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

Palabra del Señor.

DOMINGO 18 DEL TIEMPO ORDINARIO ©

«GUARDAOS DE TODA CLASE DE CODICIA»


1. PIDEN EL ARBITRIO DE JESÚS

Según este pasaje de Lucas, Jesús expresa su pensamiento respecto de las riquezas mediante un diálogo y una parábola. La ocasión para el diálogo la proporciona una disputa a propósito de una herencia, que, según determinados ordenamientos jurídicos de la antigüedad, correspondía en su integridad al primogénito varón. El hermano menor no está conforme con esa legislación y se dirige a Jesús, que por su autoridad moral es considerado doctor de la ley y, por consiguiente, juez. Jesús, tras responder que ése no es su oficio, va al fondo de la cuestión e imparte una profunda enseñanza: «guardaos de toda clase de codicia». El que acude a Jesús es, probablemente, un codicioso apegado al dinero.

2. LA INSENSATEZ DEL RICO DE LA PARÁBOLA

La parábola, por su parte, muestra que el rico -como las vírgenes necias, como los fariseos que juzgan por las apariencias o como los judíos que no saben discernir los signos de los tiempos- es especialmente insensato y que sus cálculos están equivocados: creía que la riqueza habría de darle seguridad y confianza; piensa y actúa como un pagano.

3. NO TE PREOCUPES POR LAS RIQUEZAS

La vida del hombre no se reduce a lo que posee, porque va más allá de la comida y los vestidos. En suma, el cristiano no se preocupa por las riquezas como el pagano. Sabe que su vida implica un tensión constante entre dos concepciones del mundo. De ahí la sentencia final: «El que amasa riquezas para sí no es rico para Dios». Delante de Dios, es rico quien se desprende de lo que tiene en favor de los necesitados. La preocupación del cristiano se centra en el reino de Dios, no en las riquezas.

¿Procuramos acumular dinero? ¿Confiamos básicamente en lo acumulado? ¿Litigamos con los hermanos por causa del dinero?

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