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10/04/2020
Este Viernes Santo el Descendimiento no ha tenido un manto de flores rojas a sus pies. El alba no ha despuntado a los sones de Primera Caída. El redoble con el izquierdo y el hachote al derecho han sido un recuerdo. Se vive el vacío en las entrañas al contemplar, en ese rincón de nuestro hogar, una tulipa, un bordado, una fotografía o una postal de nuestro Descendimiento. El orgullo de vestir azul en la mañana y burdeos en la noche, la seguridad al tomar una variación y sentir la admiración del público y el aire fresco que nos golpea al quitarnos el capuz al llegar a Santa María. El sobrecogimiento al ver el baile de las capas de los que nos marcan el camino, la tensión al tomar una curva y la alegría del deber cumplido al regalar -como si fuera la más valiosa de las joyas- una flor de nuestro trono a un ser querido. Todo eso y mucho más nos ha faltado.
2020 ha sido el año de la tristeza, del dolor y la pena. El encierro es sobrellevable comparado con la soledad que nos ha dejado el no procesionar con nuestro Cristo del Descendimiento por las calles de Cartagena; ilusión por seguir haciendo historia, responsabilidad de aspirar a la excelencia y satisfacción de hacer lo correcto. Pero también 2020 será el año de la esperanza en nuestro recuerdo. Quizás está siendo el primero de nuestras vidas en el que hemos hecho verdadera penitencia: quedándonos en casa, viendo por televisión los desfiles y sintiendo la ausencia de todas esas sensaciones que configuran nuestra memoria. Los vivas en Calle Palas, el silencio en Bretau sólo roto por el eterno ¡compromiso! y la bocanada de realidad al pisar desfilando, la rampa de Santa María. Tenemos todo un año por delante para seguir trabajando y para continuar en nuestro anhelo de ser agrupación puntera y pionera, punta de lanza de la Cofradía Marraja, en la que siempre hemos sido orgullosos Marrajos del Descendimiento.
Esta Madrugada la Primera Caída y esta noche el Descendimiento desfilan por dentro. No hay procesiones, pero sí hay Semana Santa. Que nuestro Cristo, caído sobre su madre, nos de esperanza para cargar con nuestras cruces y nos traiga ilusión renovada para, como cada Viernes Santo desde 1930, seguir cumpliendo con nuestro deber.
¡Viva el Descendimiento!
¡Vivan los Marrajos!
¡Viva Cartagena!
Fotografía de Manuel Maturana Cremades
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