Cali Rivera
16/06/2026
AGUA, TESORO EN EXTINCIÓN
Colección Alquimia de Almas · 2023
Cali Rivera
Técnica mixta sobre tela
60 × 60 cm
Producción: 2023
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Texto para catálogo y coleccionistas
Agua, tesoro en extinción forma parte de la colección Alquimia de Almas (2023), una serie en la que Cali Rivera explora la memoria, la transformación y la dimensión espiritual de la materia.
A través de una intensa relación entre color, textura y gestos orgánicos, la obra evoca la creciente fragilidad del agua, uno de los bienes más esenciales y amenazados de nuestro tiempo. Los contrastes entre las formas fluidas y las superficies agrietadas sugieren un delicado equilibrio entre abundancia y escasez, entre vida y vulnerabilidad.
Más que una representación literal, la pieza propone una contemplación poética sobre aquello que sustenta toda existencia y cuya preservación constituye uno de los grandes desafíos de nuestra época.
DISPONIBLE
12/06/2026
Amor de madre
2022
Técnica mixta sobre tela con intervención textil bordada en hilos de seda multicolor.
60 × 120 cm (dimensión variable)
Soporte pictórico: 60 × 60 cm.
Pieza única. Obra independiente.
23/03/2026
Plegaria por Palestina 2026
– Bandera XIII
Colección Revelaciones
En 2015 realicé Revelaciones, una colección de doce plegarias dedicadas a distintos pueblos, territorios y grupos humanos atravesados por la fragilidad, el desarraigo, la violencia o la resistencia espiritual. Esa serie culminaba con la Plegaria por los genocidios, como una invocación dolorosa ante las heridas más extremas de la historia humana.
Diez años después, esa constelación de rezos vuelve a abrirse con una nueva pieza: Plegaria por Palestina – Bandera XIII. No surge como repetición, sino como continuidad inevitable. Frente a un horror transmitido en tiempo real, ante los ojos del mundo, esta obra nace de una fractura, pero también de una memoria previa: la necesidad de volver a orar allí donde lo humano parece desmoronarse.
No como una representación,
sino como una necesidad.
Plegaria por Palestina – Bandera XIII es un estandarte, una ofrenda, un cuerpo construido a partir de fragmentos de vida. No hay en ella materiales neutros. Cada textil ha sido habitado, cada elemento trae consigo una memoria que no desaparece al ser transformada, sino que se intensifica.
El terciopelo color vino, proveniente del vestido de una mujer norteamericana, introduce la presencia de un mundo aparentemente distante del conflicto. Sin embargo, al integrarse en la obra, esa distancia se disuelve. El dolor deja de ser ajeno.
El textil turquesa, parte de un vestido tradicional de la India, aporta la dimensión ancestral, la persistencia de la belleza y la posibilidad de una solidaridad entre pueblos que no comparten necesariamente la misma religión, pero sí la misma condición humana.
En el centro de la pieza , en su dorso emerge un elemento profundamente íntimo: un bordado dorado de lentejuelas que perteneció al atuendo de mi hermana menor en la graduación de su hija. Antes de desaparecer, fue rescatado por mi madre con un gesto silencioso, como si intuyera que ese fragmento aún tenía un destino.
Ese destino es esta plegaria.
Aquí, tres generaciones se entrelazan:
la hija que celebra, la madre que preserva y el artista que transforma.
Lo familiar se vuelve ofrenda.
Lo íntimo se vuelve universal.
La obra incorpora también una serie de pequeños lienzos —hexágonos y triángulos— pintados a mano. Sobre ellos se repite, cientos de veces, un símbolo que me ha acompañado desde la infancia. Un trazo que apareció antes de ser comprendido, una forma intuitiva que hoy revela su resonancia: se asemeja a una variación del infinito, a un gesto continuo que evoca el amor cuando no se interrumpe.
Pero en esta obra, ese símbolo no solo sostiene el amor.
Lo mira.
En el centro de cada uno de estos lienzos aparece un ojo.
Ojos de ave. Ojos de reptil. Ojos que no parpadean.
Su presencia introduce una dimensión inevitable: la vigilancia.
La imposibilidad de apartar la mirada.
Vivimos un tiempo en el que el horror se transmite en tiempo real y, sin embargo, se diluye en la repetición. Estos ojos no permiten esa dilución. Son testigos. Son memoria activa. Son la conciencia que insiste.
Los símbolos se repiten como mantra.
Como plegaria visual.
Como una forma de no ceder ante la anestesia.
Elementos rituales —cuentas rojas, textiles, ornamentos— atraviesan la pieza sin pertenecer a una única tradición. No ilustran una religión, sino que evocan una dimensión espiritual compartida: el acto de orar, de insistir, de sostener.
La bandera no es un objeto estático.
Es un cuerpo en tránsito.
Como en la tradición de las banderas de oración, su sentido se activa en el movimiento, en el aire que la atraviesa, en la posibilidad de que lo aquí contenido —memoria, dolor, amor, testimonio— se disperse y alcance otros espacios.
El arte no detiene la guerra.
Pero puede impedir que el horror se vuelva normal.
Puede recordarnos que cada imagen contiene una vida,
que cada silencio es una forma de ausencia,
que cada mirada que se sostiene es también una forma de resistencia.
Esta obra no representa Palestina.
La invoca.
No habla por su pueblo.
Se inclina ante su dolor.
Y en ese gesto —hecho de tela, de historia, de símbolos que regresan y de ojos que no se cierran— se convierte en una plegaria.
Una plegaria que no busca respuestas,
sino presencia.
Porque hay momentos en los que el arte,
si todavía merece ese nombre,
no puede hacer otra cosa que esto:
levantarse,
sostener la mirada,
y no callar.
Guillermo Madriz
Yara Mourelo
Priscilla Jimenez Muñoz
تلفزيون فلسطين Palestine TV
Palestine Red Crescent society الهلال الاحمر الفلسطيني
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