Verdad Sublime
Libro de Devocionales MAÑANA Y TARDE.
Charles H Spurgeon
24 de febrero
"Haré que llueva en su tiempo; habrá lluvias de bendición"
(Ezequiel 34:26)
Aquí vemos la misericordia soberana: "Yo haré que llueva en su tiempo". ¿No es esta una misericordia divina y libre? Porque ¿quién, sino Dios, puede decir: "Yo haré que llueva"? Solo una voz puede hablar a las nubes y ordenarlas dar lluvia. ¿Quién envía el rocío sobre la tierra? ¿Quién reparte las gotas sobre el campo? ¿No soy Yo, dice el Señor?.
Así es la gracia: don exclusivo de Dios, imposible de fabricar por el hombre. También es una gracia necesaria. ¿Qué haría la tierra sin lluvia? Puedes labrar el terreno, sembrar semillas, pero sin agua nada brotará. Del mismo modo, todo esfuerzo es vano hasta que Dios derrama su bendición abundante y envía la salvación desde lo alto.
Es además una gracia abundante: "Enviaré lluvias". No dice gotas, sino lluvias. Así es la gracia: cuando Dios bendice, suele hacerlo con tanta plenitud que no hay espacio suficiente para recibirla. ¡Gracia abundante! La necesitamos para mantenernos humildes, para orar, para vivir en santidad, para ser fervientes, para perseverar hasta el final y alcanzar el cielo. No podemos vivir sin lluvias copiosas de gracia.
Es también gracia oportuna: "En su tiempo". ¿Cuál es tu estación hoy? ¿Una de sequía? Entonces, es tiempo de lluvia. ¿Una etapa de pesadez y nubes oscuras? Esa es precisamente la estación de las lluvias. "Como tus días, así será tu fortaleza".
Y es una bendición variada: "Lluvias de bendición". En plural. Toda clase de bendiciones enviará Dios. Sus dones vienen encadenados como eslabones de oro. Si da gracia que convierte, también dará gracia que consuela. "Lluvias de bendición". Así que, planta sedienta, mira hoy hacia el cielo y abre tus hojas y flores para recibir el riego celestial.
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