Julio Ríos Calderón
17/10/2025
Yamilet Arauz Muñoz
TALENTO Y EXPRESIÓN EN EL LIENZO
Julio Ríos Calderón
En el taller de Yamilet Arauz Muñoz, conocida como La China, la pintura abstracta no se ofrece como espectáculo ni se organiza en discursos. Se despliega como un diálogo íntimo, una conversación sin palabras entre la energía que habita en ella y la materia que la recibe. Cada obra nace desde un lugar que no se deja nombrar, como si el alma encontrara en el lienzo una forma de respirar. No hay plan previo, tampoco paleta impuesta. El color aparece cuando la obra lo reclama, a veces desde una emoción que aún no ha sido comprendida, otras desde una memoria que no busca ser contada. Algunas piezas piden calma y se visten de neutros suaves, otras irrumpen con contrastes que no admiten demora.
El estudio no es un espacio de producción, es un territorio ritual. La música, siempre fuerte, marca el pulso de una artista que no teme al cambio de ritmo ni a la disonancia. El café negro en la mano, la mirada fija en la obra que espera, el silencio que se instala entre el ruido y el color. Allí comienza el proceso, no como acto de voluntad, más bien como entrega. Las ideas no se fuerzan, se dejan venir. Y cuando llegan, lo hacen con la intensidad de quien ha esperado mucho tiempo para hablar.
Entre todas las piezas que ha creado, hay una que permanece como hito. “Surco del instinto” no fue solo un cuadro, fue una revelación. El equilibrio entre la intensidad cromática, la densidad del detalle y la escala del lienzo no se alcanzó por cálculo. Se dio en el momento exacto en que la obra comenzó a guiarla, como si la mano obedeciera a una voluntad que no era del todo suya. Al concluirla, comprendió que había logrado contener el impulso sin sofocarlo, dar forma al instinto sin traicionar su fuerza. El caos, por una vez, se dejó traducir en armonía.
Cada serie que emprende no responde a un tema, responde a una etapa. No hay proyecto racional, hay bitácora del alma. Cuando una etapa se cierra, la siguiente se anuncia sin necesidad de ser convocada. Así, cada obra se inscribe como un capítulo dentro de un relato que no busca ser comprendido, solo habitado. La evolución no se declara, se manifiesta.
Con el tiempo, ha aprendido a soltar el control. El arte, una vez entregado, ya no le pertenece. Cada espectador lo completa desde su propia historia, y en ese acto de apropiación silenciosa, la obra se transforma. Ha escuchado críticas, ha recibido elogios, pero no ha cedido su brújula. La autenticidad no se negocia. Cuando se traiciona, la obra pierde alma. Prefiere escuchar, sí, pero sin desviar el rumbo. La pintura puede sanar, puede tender puentes, aunque solo si nace desde la verdad.
Hubo días en que el cuerpo no pudo seguir el ritmo del alma. Jornadas que comenzaban con la luz del día y terminaban con el brazo entumecido por el esfuerzo. Una mañana, el dolor fue más fuerte. El lienzo no se dejó mover. El diagnóstico fue claro, el desgarro profundo. Aun así, pidió una inyección para volver al taller. La exposición se acercaba, la pasión no entendía de pausas. Volvió antes de lo indicado, aprendió a la fuerza que el cuerpo también forma parte del proceso. Que incluso la entrega más fervorosa necesita aprender a detenerse.
En la obra de La China no hay artificio. Hay verdad. Una verdad que no se grita, que no se explica, que no se adorna. Se ofrece como un espejo sin forma, como un eco que no busca respuesta. Allí donde el color se manifiesta sin permiso, donde el gesto no obedece a la razón, comienza la posibilidad de una contemplación más honda. No para entender, tampoco para juzgar. Solo para estar. Y en ese estar, quizás, comenzar a recordar lo que habíamos olvidado.
17/10/2025
Brissa Pabón
JUVENTUD DIVINO TESORO DE UNA
TALENTOSA PERIODISTA
Julio Ríos Calderón
A los veinticinco, con la serenidad de quien ha recorrido más de lo que aparenta, Brissa Pabón se ha convertido en figura insoslayable del periodismo digital boliviano. Su presencia, discreta en el gesto y firme en el contenido, ha logrado lo que pocos imaginaban: transformar las redes sociales en espacio de información rigurosa, cultura viva y memoria compartida.
Formada en Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nur, con pasajes académicos por Córdoba y Lima, su trayectoria no responde a una fórmula ni a un impulso fugaz. Cada etapa fue asumida con la meticulosidad de quien entiende que el oficio no se improvisa. Desde sus primeros trabajos en medios tradicionales, Brissa cultivó una credibilidad que hoy se respira en cada uno de sus contenidos. No hay estridencia en su estilo, tampoco concesiones. Hay, en cambio, una cadencia que dignifica la información y la vuelve cercana sin perder profundidad.
Este 2024 marcó un giro decisivo. La periodista decidió emprender como independiente, gesto que no responde a una moda ni a una urgencia. Fue, más bien, la consecuencia natural de una evolución ética y profesional. Al asumir su propia agenda, sus fuentes y su estilo, Brissa consolidó una voz que ya resonaba, pero que ahora se proyecta con libertad y coherencia. El resultado no tardó en manifestarse: su cuenta se convirtió en la más seguida del periodismo independiente en Bolivia dentro de la red social de mayor crecimiento global, TikTok. Y con ello, el alcance internacional dejó de ser una aspiración para convertirse en realidad cotidiana.
En conversación íntima, Brissa evoca los rostros que la habitan. La estudiante que se exigía más allá del promedio. La pasante que propuso caminos nuevos. La joven que, con miedo, aceptó cada oportunidad sin traicionar su esencia. La profesional que, finalmente, confió en sí misma y tomó las riendas. En todas ellas, el hilo invisible del apoyo familiar, constante y silencioso, como suelen ser los pilares verdaderos.
“Me siento afortunada”, confiesa con una sonrisa que no busca convencer, solo compartir. “Más que por el reconocimiento, por haber tenido la constancia y la valentía de crear mi propio camino. Un camino que demuestra que el contenido e histórico no solo interesa, también puede despertar curiosidad donde antes no había”.
Al cerrar el año, Brissa deja una reflexión que no busca adornar el calendario, solo invitar a la introspección. “Diciembre llega con emoción y con nostalgia. Nos recuerda lo fugaz que es la vida y nos obliga a iniciar enero con propósitos. Que no se nos olvide incluir en esa lista nuestra felicidad”.
Y así, sin alzar la voz, sin buscar el aplauso fácil, Brissa Pabón continúa su marcha. El 2025 se asoma como el año de nuevos desafíos. Ella, como siempre, los recibirá con la dignidad de quien sabe que el periodismo no se grita, se honra.
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