Maria Ines Santos
11/05/2026
Esta fue la primera cartera que hice.
La hice con los pocos materiales que pude conseguir aquí en Venezuela y era la primera vez que usaba una aguja de crochet grande.
No estaba perfecta.
Pero fue el comienzo.
Hoy ya voy por la cartera número 44…
y ya empecé la 45.
Y aunque he mejorado muchísimo desde entonces, todavía recuerdo exactamente la emoción de terminar aquella primera pieza.
A veces vemos el resultado final de alguien más y olvidamos que todo empezó siendo prueba, error, paciencia y práctica.
Y creo que eso también es parte del lujo artesanal:
cada pieza lleva horas, experiencia y evolución detrás.
Y aún hay muchas cosas que debo y quiero mejorar, porque en este camino se sigue aprendiendo todos los días.
✨ Hecho a mano en Venezuela.
Siempre me preguntan qué cabe en una Sophie…
y la verdad es que cabe más de lo que parece.
Yo llevo lo básico de mi día a día:
mi teléfono, tarjetero, lentes, labial…
y algunas cosas más que siempre termino necesitando.
Me gusta porque es una cartera compacta,
pero lo suficientemente funcional para no sentir que me falta espacio.
Y algo importante:
aunque esté llena, mantiene su forma.
Para mí, es el equilibrio perfecto entre
estética y practicidad.
✨ Hecho a mano en Venezuela.
Tengo que admitirlo: hay pasos que me frustran más de lo que me inspiran.
Me encanta tejer. Pero coser forros a máquina no es mi parte favorita.
Aun así, hago cada paso con cuidado porque sé que todos suman a la pieza final.
Esta es la verdad detrás de Sophie, Margot y Dafne( con los forros más laboriosos): horas, decisiones, intentos y paciencia.
Si te identificas con esto de “amar el resultado pero no siempre el proceso” cuéntame: ¿qué parte de tu trabajo no disfrutas tanto? 👇
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