Psico-Legos
29/05/2024
El otro es el lugar del desconocimiento. Nótese el uso de “lugar”, no es quien, sino donde. El otro es el lugar donde se coloca todos los significantes, donde también se producen los efectos de significación. De manera que, conocer o saber algo del otro es delirante. Entiéndase delirio no por loco (como entenderíamos de buenas a primeras), sino por un acto casi que imposible.
Cuando pensamos en qué sabemos del otro o qué queremos del otro o por qué odiamos o por qué amamos. Siempre terminamos en que podemos dar miles de razones, pero si seguimos preguntándonos terminamos en “bueno no sé porqué, pero sé que es así, sé que lo que siento es real”. Las relaciones con el otro, son siempre un convencionalismo, es decir que convenimos en que algo sentimos o algo sabemos, aunque no sepamos exactamente qué. Es la búsqueda de esa exactitud un delirio.
Nunca podré saber qué coloca el otro en mí y esa es una condición del amor, la amistad y la guerra.
22/03/2024
“Hable, que será maravilloso”
Jacques Lacan
21/03/2024
Hoy les compartimos un extracto del texto “La vida: instrucciones de uso” publicado por Alexandra Kohan en el DiarioAR, donde nos sumerge en algunas reflexiones sobre la actualidad marcada por una serie de códigos y normativas que pretenden dirigir nuestras vidas. Esto nos lleva a la ilusión de “aprenderlo todo” que nos sumerge en un laberinto de etiquetas y protocolos que limitan la espontaneidad. Nos insta a cumplir con estándares prestablecidos, lo que conlleva a una pérdida de la sorpresa y lo inesperado en nuestras relaciones y encuentros con los demás.
En este marco, donde la sociedad moderna parece tener una obsesión con la idea de controlar y categorizar cada aspecto de la vida –donde incluso se pretende enseñar “la mejor forma de interactuar”– surge una breve aclaración sobre las diferencias entre psicología y psicoanálisis. Esto nos invita a recordar que no todos los psicoanalistas son psicólogos y no todos los psicólogos son psicoanalistas. Si al psicoanalista se le consulta por temas de salud, bienestar y psicopatología, deja de ser analista para hacer su función de psicólogo. Es en esta posición donde se puede caer en adoptar una posición normativa y correr el riesgo de suturar la singularidad. Como bien menciono Alfredo Eidelsztein: “No tenemos fórmula de la felicidad, de mejor. Y si la tenemos dejamos de ser psicoanalistas, para hacer otro rol social que es el de psicólogo. El psicólogo trabaja con parámetros de qué es sano, qué es enfermo, qué es normal, qué es patológico, qué es esperable. (…) Todo eso es psicología, que no está ni mal ni bien, yo no tengo nada que decir de eso, yo no me dedico, es otra disciplina que sí tiene teoría de la felicidad”.
26/01/2024
El problema que quisiera plantear es el que llamo "el problema de la conciencia".
En cierta reunión, una colega manifiesta sorpresa a partir de un evento con un paciente. En ese evento, mi colega había observado a un paciente niño, catalogando su comportamiento de "desinteresado". La sorpresa se produce cuando otra colega, con más "experiencia" atendiendo, le comparte su apreciación sobre el paciente señalando que, lejos de desinteresado, el niño le pareció "tierno y sociable".
El punto donde nació "el problema" fue cuando la primera colega señala que la segunda "puede ver algo que ella no".
Está afirmación implicaría dos rutas para pensar.
O bien la primera colega, luego de adquirir más experiencia, podría ver lo mismo que la segunda (lo cual significaría que la acumulación de "experiencia" permitiría y autorizaría una nominación más fidedigna)
O, la primera colega, sostiene una apreciación igual de verídica que la segunda, sin importar la experiencia. Por lo cual cada una sostendrá diferentes apreciaciones del mismo paciente (alternativa que tampoco brinda una solución ya que, ¿Quién es el verdadero, el paciente que ve la primera o el que ve la segunda?
El "problema de la conciencia" radica en que, mientras más nos esforzamos en aproximarnos al mundo mediante la nominación, más nos alejamos de "un" mundo. Es como si la fenomenología de la experiencia inmediata resquebrajara cualquier esperanza de una experiencia unificada.
La intuición provoca una fragmentación en la nominación. Una proliferación de nominaciones dónde cada uno califica las cosas como quiere, o como puede.
En contraste, la educación universitaria promueve una reducción y estandarización universalista de los fenómenos psicológicos. La educación fuerza el cierre de la brecha (con mucho éxito en la mayoría de los casos).
Si la "consciencia" implica un problema, prescindiendo de ella, ¿qué nos queda?¿Se puede prescindir de la conciencia?
Nos damos cuenta que, en realidad, "un mar separa la habitación de la hija de la habitación de la madre", y la relación entre los humanos dista de ser sencilla por cuanto reina en ahí una falla.