Sentido Común

Sentido Común

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03/07/2026

Sr. Gurdjieff:
Si un hombre...trata de recordarse a sí mismo, cada impresión que recibe mientras se recuerda a sí mismo se duplicará, por así decirlo. En un estado psíquico ordinario, simplemente miro una calle. Pero si me recuerdo a mí mismo, no solo miro la calle; siento que estoy mirando, como diciendome a mí mismo: "estoy mirando". En lugar de una impresión de la calle, hay dos impresiones, una de la calle y otra de mi mismo mirándola.
G. I. Gurdjieff.
Nota: "Recordar" no es solo pensar en algo; es "tenerlo presente a la atención". Indica un movimiento gentil y sin esfuerzo de toda la persona. Una frase aproximadamente equivalente podría ser "regresar a mí mismo". Recordarse a uno mismo es también tener una atención en la que uno es simultaneamente consciente de lo que está haciendo, y el hecho de que uno es consciente de sí mismo.

30/06/2026

"No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca, y lo soy aún; pero no busco ya en las estrellas ni en los libros, comienzo a escuchar la enseñanza que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable, no es suave ni armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez, y a locura, y a ensueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse mas a sí mismos."

Herman Hesse
Demian

28/06/2026

La muerte debe ocurrir antes del renacer. Pero, ¿qué es lo que debe morir? La falsa confianza en nuestros conocimientos, el amor propio y el egoísmo. Nuestro egoísmo debe ser roto. Antes de que sea posible un crecimiento real, nuestra personalidad debe morir.

G.I.Gurdjieff

27/06/2026
27/06/2026

Obsérvese cuando piense, cuando desee, cuando haga, cuando sienta.

23/06/2026

Decálogo del pensamiento crítico en redes sociales

Harold Kurt

Prólogo

Durante mucho tiempo he visto circular noticias falsas, frases que nunca dijo ningún filósofo, fotografías de guerras antiguas presentadas como si hubieran ocurrido esta mañana, videos editados con más mala intención que talento, y opiniones disfrazadas de evidencia que se presentan con la solemnidad de un notario. Lo inquietante no es solo que la mentira se difunda. Más bien, lo verdaderamente grave es la facilidad con que la creemos y renunciamos a verificarla.

No se trata, por supuesto, de despreciar las redes sociales. Eso sería absurdo. En ellas circulan información útil, testimonios valiosos, denuncias necesarias y formas legítimas de conversación pública. El problema aparece cuando confundimos velocidad de información con verdad, impacto emocional con evidencia, o repetición con certeza. Una mentira compartida mil veces no se vuelve más verdadera; al contrario, solo se vuelve más peligrosa.

Lo curioso no es que estas cosas existan. Lo curioso es la velocidad con que las creemos, especialmente si confirman lo que ya queríamos creer. Basta una imagen dramática, una música de suspenso y una frase escrita en mayúsculas para que media humanidad sienta que ha descubierto la verdad que los poderosos le ocultaban. Y junto con esa ilusión aparece otra todavía más seductora: la de pertenecer al pequeño grupo de iluminados que por fin ha descifrado el gran secreto.

Todo aquello me motivó a retornar a algunas lecturas que siempre me ayudan a ordenar el desconcierto. Recordé a Karl Popper y su defensa de una inteligencia dispuesta a someter a prueba sus propias ideas. Pensé en Umberto Eco, que advirtió con lucidez cómo internet podía concederle apariencia de autoridad al antiguo tonto del pueblo. Releí a Neil Postman, para quien los medios de entretenimiento podían terminar colonizando la vida del pensamiento. También regresé a Byung-Chul Han, cuya crítica a la transparencia muestra que la abundancia de información no siempre ilumina, sino que a veces solo encandila. Y, como ocurre casi siempre, Platón volvió a aparecer al fondo: los habitantes de la caverna no aman las sombras porque sean verdaderas, sino porque se han acostumbrado a ellas.

De esa incomodidad, y de esas lecturas, surgió la idea de este decálogo. Por supuesto, no pretende convertir a quienes lo lean en sabios imperturbables ni en detectives inquisidores que sospechen hasta del clima. La inteligencia no se administra en comprimidos, ni el pensamiento crítico se aprende como quien memoriza una contraseña. Es, más bien, una disciplina, un estilo de vida: un conjunto de hábitos modestos, pero necesarios, para no entregar la propia conciencia —ni el buen juicio— al primer meme con ínfulas de profecía apocalíptica que aparece en la pantalla.

El Decálogo

I. Mire quién habla antes de creer lo que dice.

Sin emisor verificable, no hay mensaje confiable.

Antes de preguntarnos si algo es verdadero, deberíamos preguntarnos quién lo dice, desde dónde lo dice y con qué respaldo lo sostiene. Popper enseñó que una afirmación seria debe poder ser puesta a prueba. Una frase sin fuente es como un hombre con sombrero en un callejón: puede ser interesante, pero… conviene mantener cierta distancia.

II. Contraste al menos tres fuentes independientes.

Una sola versión no es la verdad: es apenas alguien hablando con mucha seguridad.

Eco advirtió que internet podía otorgar a cualquier opinión la apariencia tipográfica de la verdad. Por eso, cuando fuentes distintas, serias e independientes coinciden, recién empezamos a acercarnos a algo parecido a una certeza razonable.

III. Busque el documento original.

No se conforme con el resumen del resumen del video donde alguien comenta lo que otro creyó entender.

Todo artículo, video o publicación es una interpretación. Las redes suelen ofrecernos la sombra de una sombra: alguien comenta lo que otro resumió de lo que otro dijo sobre un documento que casi nadie leyó. El pensamiento crítico empieza cuando uno corta esa cadena y vuelve al origen.

IV. Verifique la fecha y el contexto.

Una foto real de hace diez años presentada como noticia de hoy no es memoria histórica: es trampa con calendario.

Un hecho verdadero, colocado fuera de su tiempo o de su lugar, puede convertirse en una mentira funcional. No basta con que algo haya sucedido: importa cuándo, dónde y bajo qué circunstancias sucedió.

V. Desconfíe de lo que le enciende la sangre demasiado rápido.

La manipulación no suele entrar por la cabeza. Entra por la indignación, se sirve un café y se queda a vivir en la emoción.

Si una noticia le provoca ira inmediata, miedo urgente o entusiasmo ciego, deténgase. Byung-Chul Han ha mostrado cómo nuestra época produce excesos de exposición, estímulo y reacción. Allí donde todo exige respuesta instantánea, pensar se vuelve un acto de resistencia.

VI. Distinga hecho, opinión e interpretación.

Las redes los mezclan con una confusión que no siempre es inocente.

“Llueve” es un hecho. “Qué clima espantoso” es una opinión. “El cielo llora por la decadencia moral de Occidente” ya es otra cosa. Un hecho puede verificarse. Una opinión expresa una valoración subjetiva. Una interpretación organiza los hechos desde una determinada lectura. Confundir estas tres cosas es uno de los errores más frecuentes de nuestra época, y también uno de los más rentables para quienes manipulan.

VII. Sospeche también de las noticias que le dan la razón.

Son las más peligrosas, porque llegan vestidas como justicia poética.

Aplique el mismo rigor a las noticias que le agradan y a las que le disgustan. Platón lo sabía y enseñaba: preferimos las sombras familiares a una luz que nos incomoda. El sesgo de confirmación es peligroso porque no se presenta como error, sino como evidencia íntima. Creemos estar pensando cuando, en realidad, solo estamos protegiendo nuestras creencias.

VIII. No comparta lo que no ha verificado.

La buena fe no convierte una mentira en servicio público.

Difundir sin comprobar es participar en la desinformación, aunque se haga de buena fe. Postman entendió que la velocidad de los medios electrónicos empobrece la reflexión. En redes, detenerse antes de compartir puede parecer un gesto mínimo, pero es una forma concreta de higiene intelectual.

IX. No convierta a la inteligencia artificial en oráculo.

Una respuesta bien redactada no siempre es una respuesta verdadera.

La inteligencia artificial puede ayudar a ordenar información, sugerir caminos y detectar errores, pero también puede equivocarse. Los ingenieros de software suelen llamar a esos errores “alucinaciones”. Creerle todo sin verificar es cambiar un rumor de redes por otro más elegante y experto.

X. Revise sus propias creencias.

El pensamiento crítico no consiste en descubrir que los demás son idiotas, sino en admitir, con cierta dignidad, que uno también puede serlo por momentos.

Popper insistía en que una mente abierta no es aquella que carece de convicciones, sino aquella que está dispuesta a revisarlas cuando la evidencia lo exige. Pensar críticamente no significa sospechar de todo menos de uno mismo. Significa empezar también por uno mismo.

La Yapa (porque un decálogo nunca alcanza)

Verifique las imágenes antes de asumir que muestran lo que dicen mostrar.

Una fotografía impactante puede ser auténtica y, aun así, estar completamente fuera de contexto. La emoción viaja más rápido que la explicación.

No confunda popularidad con verdad.

Que miles de personas compartan una publicación solo demuestra una cosa: que miles de personas presionaron el botón de compartir. La realidad no se decide por votación.

Aprenda a decir: “no lo sé todavía”.

Es una frase humilde, elegante y muy superior a opinar con solemnidad sobre algo leído hace treinta segundos.

La urgencia de opinar sobre todo es uno de los vicios más extendidos de nuestro tiempo. Pero el conocimiento serio requiere demora, contraste y paciencia. A veces, callar provisionalmente es una forma superior de inteligencia.

Una pregunta sencilla antes de compartir cualquier cosa:

¿Compartiría esto si dijera lo contrario de lo que usted piensa?

Si la respuesta es no, tal vez no está evaluando la información con calma. Tal vez solo está defendiendo una idea que ya tenía instalada. Y una idea muy arraigada no necesariamente es verdadera. A veces, la nueva evidencia nos obliga a reconocer que aquello que defendíamos con tanta seguridad estaba equivocado.

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20/06/2026

👁️ Cuando el Inconsciente Escribe el guión de Tu vida
Vivir sin auto observación es ceder el control de tu vida. Cuando te niegas a mirar lo que habita en tu propia sombra (tus traumas, tus patrones automáticos, tus miedos no procesados, tus culpas, tus apegos, tu necesidad de atención y aceptación, tu ego controlando tus desiciones) esa información no desaparece; se proyecta hacia el exterior... ¨ inconscientemente ¨ . 🧠
Desde la observación del campo cuántico, y de los átomos, la realidad permanece en un estado de potencialidad pura, un campo de infinitas probabilidades. Al no tomar consciencia de tus decisiones internas, renuncias a tu derecho como el observador que colapsa la función de onda de manera deliberada y consciente. ⚛️ En su lugar, dejas que el automatismo de tu mente inconsciente elija y decida por tí. 🌀
El resultado es lo que la mayoría llama "destino" o "mala suerte". Pero no es el cosmos conspirando en tu contra; es tu propia información no integrada manifestándose ante tus ojos para obligarte a despertar. 🌌
Si no gobiernas tu mente, el entorno programará tu realidad. ⚡
Observar, procesar, integrar. Eres el arquitecto del colapso de tu realidad, no una víctima de la probabilidad. ⚜️

15/06/2026

... se hace todo, incluso lo más absurdo, para escapar de la propia alma.
Se practica yoga indio de cualquier observancia, se observan mandamientos sobre la comida, se aprende teosofía de memoria, se recitan textos místicos de la literatura mundial entera: todo ello porque no se ha encontrado el hombre a sí mismo y carece de toda fe de que podría llegar de su propia alma algo útil en algún aspecto.
[...........]
Vale la pena que el ser humano se preocupe de sí mismo y que sepa que tiene un alma que le puede ser útil. Vale la pena observar con paciencia lo que ocurre quietamente en el alma, y ocurre en ella lo más y lo mejor cuando no es reglamentada desde fuera y desde arriba.

Del Libro "Psicología y Alquimia". Carl Jung.

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