Semi Job
25/09/2022
DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO C
25 de septiembre de 2022
Un grupo de vendedores fue a una convención fuera de su ciudad. Todos habían prometido a sus esposas que llegarían a tiempo para cenar el viernes en la noche. Sin embargo, la convención terminó un poco tarde, y llegaron retrasados al aeropuerto. Entraron todos corriendo por los pasillos con sus boletos y sus portafolios.
De repente, y sin quererlo, al girar una esquina, tropezaron con un puesto de manzanas. Al chocar con la mesa, las manzanas cayeron y salieron rodando por todas partes.
Todos, sin detenerse, ni mirar atrás, siguieron corriendo hacia la sala de espera de su avión, excepto uno de ellos que, experimentando un sentimiento de compasión por la dueña del puesto de manzanas, se detuvo, gritando a sus compañeros que siguieran sin él y pidiendo a uno de ellos que, al aterrizar, llamara a su esposa y le explicara que llegaría más tarde.
Al mirar el lugar del accidente, se encontró con que casi todas las manzanas seguían aun tiradas por el suelo. Su sorpresa fue enorme, al darse cuenta que la dueña del puesto era una niña ciega. Estaba gateando, tanteando el piso, tratando, en vano, de encontrar sus manzanas, mientras la multitud pasaba, vertiginosa, sin detenerse, paseando o esquivando las manzanas; por sus mejillas corrían lágrimas.
El hombre se arrodillo junto a la niña, la tranquilizó y fue recogiendo poco a poco las manzanas caídas, las metió en una canasta y le ayudó a montar el puesto nuevamente. Se dio cuenta de que muchas manzanas estaban magulladas, así que las tomó y las puso aparte.
Cuando terminaron, sacó su cartera y le dijo a la niña:
- Toma, por favor, estos cien euros por el daño que hicimos ¿Te encuentras bien?
Ella, asintió con la cabeza, aun un poco asustada. Cuando el vendedor empezó a alejarse, la niña le gritó:
- ¡Señor…!
El se detuvo y miró esos ojos ciegos. Ella le preguntó:
- ¿Es usted Jesús?
Él se quedó de piedra y, mientras se dirigía a abordar otro vuelo, estuvo dando vueltas por el aeropuerto, con esa pregunta quemándole y vibrando su alma “¿Es usted Jesús?”
Y nosotros ¿la gente nos confundiría con Jesús?
Fuente: Alejandro Illesca Molina
Muy buen día, hoy leemos en la primera lectura al profeta Amós que, continúa haciendo las denuncias sociales de la época, sobre aquellos ricos que defraudan al pobre y en esta ocasión sobre aquellos ponen su confianza en las cosas del templo, pero no cambian su actuar y no optan por la justicia. Describe el modo lujoso de vivir de los dirigentes, pero descuidan al pobre y a los que pasan apuros.
En la segunda lectura que corresponde a la Carta del apóstol san Pablo a Timoteo, nos presenta algunas recomendaciones sobre el cuidado que debemos guardar como cristiano de aquello valores que nos llevarán a la vida eterna, en especial escribe a aquellos pastores que están al frente de una comunidad. Aunque el ser cristiano no es nada fácil, poner en práctica los valores evangélicos, es cuestión de esfuerzo diario.
En el evangelio de san Lucas, continua con el tema de las riquezas, ahora, nos presenta la parábola del rico y Lázaro, mostrándonos con ello dos caras de la misma moneda, aquel a quien tenía grandes banquetes diariamente y de aquel pobre que vivía a la puerta del rico, representando para ello la miseria humana.
Aplicación en nuestra vida
La reflexión de este domingo, no nos debe llevar a pensar en esas verdades eternas como lo es el in****no o la resurrección de la carne, sino el uso de las riquezas, esto es, no solidarizarnos con los necesitados.
Ya Amós denuncia el estilo de vida de los ricos, que no presentan ningún remordimiento de conciencia ante la necesidad de muchos, marcando muy fuertemente las desigualdades, pero, el profeta les anuncia que, en el destierro, irán a la cabeza de los cautivos, mismo que sucede en el año 722 a. C. cuando el reino de Samaría (norte).
En los días de Jesús, de igual forma denuncia las desigualdades sociales con la parábola de Lázaro y el rico, mostrando que de nada sirve acumular riquezas en la tierra que no nos servirán para la otra vida, en cambio, Lázaro, que vivió en la miseria humana -sin perder la dignidad- pero siempre con la confianza puesta en Dios, recibe el premió merecido.
En ambas lecturas no se menciona que hayan acumulado sus riquezas con injusticias, tampoco se desautoriza el ser rico, sino que esas riquezas los absorben hasta el punto de que no piensan ni en Dios ni en los otros.
Si tomamos el fin de nuestra existencia humana como el inicio de un viaje, habría que ver que las obras realizadas serian como el pasaporte que nos dará acceso al reino de Dios, pues la confianza en los bienes que son pasajeros no son meritorios.
Por eso, debemos reflexionar a nuestro interior y tomar un nuevo rumbo en ese viaje a la vida eterna, cuando vemos que mis acciones no me consiguen ese pasaporte, pues podría ser que mi egoísmo me aleje de aquellos que están necesitados sintiéndome incomodos estar junto a ellos o en el peor de los casos, me apegue a los bienes materiales que me dan seguridad.
Cuando hacemos nuestro acto penitencial en cada eucaristía, que se nos perdonen nuestros pecados, entre ellos de omisión. Pareciera que ignorar al que sufre ya es algo normal. A Epulón no se le reprende por su mala atención a Lázaro, sino por pasar inadvertido las necesidades, centrándose en sólo sus bienes.
Podría decirse que solo sucede en cuentos o historias para hacer conciencia, pero en la realidad sucedes entre familias y comunidades, ignoran que los bienes son para remediar los males que padecemos nosotros y nuestros demás hermanos.
Todos estamos llamados a compartir lo que tenemos, pues hay personas y familias que tienen menos de lo que nosotros poseemos, pues siempre tendremos por providencia de Dios algo que compartir, y no sólo colaboremos con bienes materiales sino también podemos compartir la afectividad y nuestra cultura.
Cuando omitimos no ayudar a alguien y pudimos hacerlo, o estar en condición de hacerlo, también se nos contará como pecado, pues no tendimos la mano a ese familiar, vecino o desconocido cuando estaba en nuestras posibilidades de hacerlo.
Queridos hermanos, pidamos al Espíritu Santo que nos inspire a dar ese paso de estar atento a las necesidades del otro, y no dejarnos seducir por los bienes materiales que son pasajeros y no nos dan acceso a la vida eterna. Que así sea.
Atentamente
Seminarista de teología de la diócesis de Papantla
Job Sánchez Hernández
18/09/2022
DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO
CICLO C
18 de septiembre de 2022
Una vez fue un campesino a la ciudad. Y se encontró con un grave problema. Solamente tenía veinte pesos.
Una vez fue un campesino a la ciudad. Y se encontró con un grave problema. Solamente tenía veinte pesos, y le estaba doliendo una muela. El campesino pensaba:
- Si me s**o la muela y pago al dentista, no puedo comer; si lo gasto en comer, me seguirá doliendo la muela.
Estaba el buen hombre con estos pensamientos cuando fue a pararse enfrente de una pastelería. Allí se quedó largo tiempo mirando embobado los pasteles, hasta que pasaron por allí dos muchachos y le dijeron para burlarse:
- ¿Cuántos pasteles te atreverías a comer en una comida?
Contestó el campesino:
- ¡Hombre, me comería quinientos!.
Muy sorprendidos: - ¡Quinientos! ¡Dios nos libre! Les dijo el campesino:
- Pues de qué poco se asustan ustedes
Y de esta forma comenzaron a discutir, ellos diciendo que no y el insistiendo que si.
- ¿Que apuestas?- dijeron los muchachos.
- Pues... si no me los como, me dejo sacar esta muela y el campesino señaló la muela que le dolía.
Los muchachos aceptaron alegres la apuesta. El hombre comenzó a comer y, cuando ya no tenía más hambre, dijo:
- He perdido, señores.
Entonces llamaron a un dentista y le sacaron la muela. Los muchachos se reían diciendo:
- Miren a ese tonto, que por hartarse de pasteles deja que le saquen una muela.
Entonces les respondió el campesino:
- Más tontos son ustedes, porque gracias a esta apuesta he matado el hambre y, además, me han sacado una muela que me había dolido toda la semana.
Y así el campesino fue como logró matar su hambre y sacarse la muela sin tener que gastar un peso.
Fuente: Cuentos infantiles
Muy buenos días en la primera lectura del libro del profeta Amós, nos presenta una denuncia sobre las conductas de ciertos comerciantes y poderosos, quién siendo profeta del reino del norte, quien como profeta -de los siglos VIII antes de Cristo – denuncia y expone las injusticias y los abusos de los derechos de los pobres, que con trampas y corrupción se enriquecían unos cuantos. Denuncia que no es nada anticuada para estos días en los que vivimos.
En la segunda lectura que leemos este día corresponde a la Carta del apóstol san Pablo a Timoteo, nos muestra una consigna más de que debe hacer la comunidad que dirige en Éfeso. Ahora una oración a la que llamamos oración universal que debe hacer el pueblo de Dios en todo lugar y momento, esto con el fin de que todos los hombres conozcan la verdad y se salven, e igual que oren por los gobernantes.
En el evangelio de san Lucas, nos presenta otra parábola, ahora es con el fin de conocer la forma en que debemos administrar los bienes que disponemos en esta vida y, esto mismo, nos lleve al crecimiento de nuestra fe para saber administrar también los bienes espirituales.
Aplicación en nuestra vida
A primera vista pareciera que Jesús está en contra de las riquezas, esto es algo muy común en el evangelio de san Lucas, pues remarca la importancia de los bienes espirituales sobre los materiales.
Aunque es importante el tener dinero, que es causa de necesidad para la alimentación personal y familiar, también lo es para emprender causas sociales y de evangelización en las comunidades parroquiales, o el extender la mano a nuestros demás hermanos cuando hay un desastre natural.
Pero el dinero no debe ser el quien mueva nuestro interés que nos haga ser esclavos, o el peor de los casos nos haga ser enemigos de todos los que nos rodean, llegando a pecar contra el primer mandamiento de la ley de Dios.
Otro peligro que corremos es el mal uso de los bienes que se nos han encomendado a nuestro cuidado, cerrando los ojos a las necesidades del otro que, como consecuencia nos vea deformando los planes de Dios.
Ya las injusticias en contra de los pobres por parte de los ricos eran denunciadas por los profetas como el caso de Amós, mostrando como consecuencia la falta de caridad al necesitado.
Si no sabemos cuidar los bienes que se nos han encomendado, menos sabremos identificar que el quien necesita es Jesús mismo que se manifiesta en el pobre, en el enfermo, en el preso y el hambriento, pues no podemos ser injustos con aquellas personas que no tienen voz.
La administración de los bienes materiales y espirituales, dependerá del grado de crecimiento de nuestra fe y sensatez e inteligencia, pues el dueño de la parábola no descalifica sus acciones, sino que alaba su astucia en los negocios, pues es infiel pero listo.
Por tanto, debemos ser astutos, pero sin dejar de ser hijos de la luz, poner en marcha toda la caridad y justicia que podamos hacer. Ser hábiles, pero a las cosas de Dios.
Por cuanto hace a la oración de los fieles, la iglesia no ha dejado de hacer dicha recomendación, siempre hemos orado por todas las necesidades de los pueblos, por las intenciones del papa, por la paz, por los gobernantes y otras necesidades particulares del lugar, ya que la salvación la obtendremos en comunión.
Es momento de incluir en nuestras oraciones personales no solo las nuestras y el de los seres queridos, sino también las necesidades de los demás, y las necesidades del mundo entero.
Queridos hermanos, pidamos al Espíritu Santo que nos haga dóciles para poder ser buenos administradores de los bienes materiales y sobre todo los bienes espirituales, y podamos incluir en nuestras oraciones a aquellos que sufren y padecen. Que así sea.
Atentamente
Seminarista de teología de la diócesis de Papantla
Job Sánchez Hernández
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