MILA BEKAM

MILA BEKAM

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27/05/2026

El cojín verde

Ante mi vista se extendía el paisaje, adornado por un precioso cojín verde.

Flores de milpa, que parecen no tener valor ni belleza, brotaban entre el pasto como pequeñas amapolas blancas en miniatura.

La pastada alta era azotada por el viento y, al inclinarse de lado, cambiaba de tonalidad, como si el verde tuviera distintos matices escondidos.

Todo invitaba a posar los pies sobre aquel mullido algodón.

Hundí los pies en la milpa y sentí caricias consentidoras. Las huellas oscurecían el tapiz a mi paso. Los pétalos blancos parecían saludarme, alegres, vivos y frescos.

Me agaché.

Toqué el pasto, lo examiné, lo espeluqué buscando su raíz.

Corría vida: insectos en miniatura haciendo su labor.

El olor a tierra húmeda y limpia sacudió mi olfato y abrió mis sentidos.

Cada hoja era perfecta: llena de venas diminutas y cubierta por vellos suaves que parecían rocío de amanecer.

Entonces solté la cabeza hacia un lado, extendí los brazos y tomé entre mis manos un ramillete de milpa.

Me dormí.

No sé cuánto tiempo pasó.

Desperté con sus huellas marcadas en mi rostro y en mis brazos. Las llevaba tatuadas, en alto relieve, recordándome la simpleza y la sencillez de la vida.

Al rato se acercó alguien más.

Se dejó caer sobre aquel cojín verde, sacó un libro y pareció empezar a leer. Pero poco después lo vi rendirse al descanso, dejando el libro a un lado, con la piel también en brazos de la milpa.

Y entonces pensé:

¿Qué tiene que atrae?
¿Qué tiene que encanta?
¿Qué tiene que enamora?

Solo es verde.
Contacto con la tierra.
Invitación al descanso
y a escuchar el silencio.

— Mila Bekam

20/05/2026

Todo es poesía

Hablo con mi silencio
y me enseña.

Me dice
que todo es poesía:

la rama
que sostiene al pajarillo,

la lombriz
que avanza por la tierra
en un movimiento
que tú y yo no sabremos,

el vidrio frente a mí,
la mampara,
que me devuelve el rostro
y me muestra
una belleza distinta.

Es verdad:
en todo hay poesía.

La hay incluso
en la taza de mi café:
le falta el asa,
pero todavía
acaricia mis labios.

La hay
en el piso pulido,
en el sendero empedrado.

Y tal vez existe
porque todo,
de algún modo,
fue creado con amor.

— Mila Bekam

10/05/2026

Belleza triste
—Mila Bekam

La calma pone en su sitio el desorden.
Ojalá mi cama, esta noche, me acaricie el sueño.

Esta mirada nocturna,
íntima y suave,
me deja una belleza triste.

La cama, deshecha y tibia,
me abraza bajo la manta.
La lámpara encendida, con su luz tenue,
y el ventilador, tan cerca de ella,
parecen una pareja silenciosa,
acompañándose.

Los cuadros toman color
de esa luz bajita,
y todo alrededor respira
como si la habitación quisiera dormirme,
aunque mis ojos sigan abiertos.

El alba me olvidó.

Miro al techo
y encuentro sombras,
rayas de luz,
pequeñas fronteras
dibujadas sobre la espera.

Y aunque el sueño no llegue,
la noche deja en mis ojos
su belleza triste.

Mis párpados no se cerraron.
Tal vez este instante quiso
alargar el placer
de seguir anhelándola.

A la madrugada,
el frío penetrante tocó mis huesos.
La luna se me acercó
y me dijo al oído:
el alba te abraza tibiamente.

09/05/2026

Lapsus de calma

Tengo frío.
El sol brilla.
Siento la brisa,
pero ni una sola hoja
del árbol se mueve.

Mi única compañía
es la mirada,
paseándose de un extremo a otro,
como si pintara
un cuadro de vida quieta,
silenciosa.

Hasta los pasos
parecen ir sin prisa.

Y por un momento
siento que la vida
simplemente vive.

Entonces el sol me alcanza,
se compadece,
y la brisa, ya tibia,
me arropa.

Por un momento
pierdo la noción del tiempo
y de los afanes.

La mente suelta peso.
Y la vista,
absorbida por la calma,
alivia el alma.

— Mila Bekam

01/05/2026

El personaje que somos.

Vamos andando,
haciendo senda,
soltando y recogiendo la rienda
mientras la vida nos va guiando
por caminos que a veces duelen.

Somos criaturas de instantes:
de breves alegrías,
de chispas que alumbran un momento
antes de apagarse.
Y también somos la certeza
de que el dolor, a menudo,
permanece más tiempo.

Incompletos.
Imperfectos.
Únicos,
y, sin embargo,
tan semejantes en lo que callamos.

Somos espacio en construcción.
A veces choza,
frágil y temblorosa bajo la intemperie.
A veces casa,
con ventanas que se abren y se cierran
para cuidar lo que dentro respira.
A veces palacio,
lleno de sueños,
de brillos,
de salones vacíos
que también conocen la soledad.

Tenemos sótanos de sombra,
habitaciones en penumbra,
pasillos silenciosos,
paredes donde la memoria deja su huella,
y azoteas desde donde el alma, todavía,
busca un poco de luz.

Cargamos pesos.
Intentamos soltarlos.
Vaciamos la vasija
y volvemos a llenarla
con lo poco o lo mucho
que nos ayuda a seguir.

No del todo buenos,
no del todo malos.
Solo seres en camino,
puliendo grietas,
aprendiendo a mirarnos por dentro,
descubriendo, quizá demasiado tarde,
que más vale la humanidad
que el poder.

A veces somos jardín florecido.
Otras veces,
cuarto cerrado
con tristeza escondida.
A veces la vida
entra como un susurro por las rendijas.
Otras,
somos nosotros
quienes no sabemos
si abrir o no la puerta.

Y así vamos,
cada día,
vistiéndonos con el ropaje
del personaje que nos toca encarnar.

La felicidad no perdura.
Se escapa leve entre los dedos,
se desliza por las grietas del tiempo
y desaparece.

Pero vivir

también es dejar huella.
Es todo aquello
que nos habitó.

Mila Bekam.

24/04/2026

Mil ventanas en el pino

Cada hoja es una puerta.
Cada rama, un pasillo.

Y en las mil ventanas del pino
hay vidas pequeñas
aprendiendo a cantar,
aprendiendo a volar.

Son orquesta,
son danza,
son la alegría viva de la primavera.

Porque la primavera no solo trae color:
trae vida,
trae canto,
trae plumas encendidas.

Ese pino que me deleitó
tantas tardes
parecía tener mil ventanas,
y en cada una latía una voz,
un cantor diminuto,
terco de felicidad,
como todo niño
que ha nacido para el vuelo.

Los pajarillos iban y venían
como relámpagos mínimos,
como fotografías fugaces
que mis ojos apenas alcanzaban a guardar.

Mila Bekam

21/04/2026

Lección de hormiga

Caminaba cabizbaja,
buscando no sé qué
entre la arena
y las hojas secas,
cuando me encontré una hormiga.

Era negra.
Pequeña.
Ligera.

Y mis ojos
se volvieron lupa.

Entonces pensé
en las hormigas de mi Colombia:
negras, marrones, color tierra,
como los humanos,
de todos los colores
y en todas partes.

La de Barcelona
corría sin cargar nada.
Iba ligera,
como si ya supiera
que para seguir andando
hay pesos que no hacen falta.

Las de mi tierra, en cambio,
yo las recuerdo cargando:
el pan del día,
la reserva del tiempo,
la salvación de la escasez.

Su comida resguardan.
Juntas trabajan.
Juntas corren.
No abandonan la carga.

Y yo, mirándola,
entendí algo de mí:

hay hormigas que cargan hojas,
y otras, historias.

Ella corría sin peso.
Yo no.
Pero mi carga,
aunque me balancea,
no me hunde.

Seguiré buscando
versos con patas
que me roben el tiempo
y me regalen calma.

— Mila Bekam

Canal Juan David Correa 19/04/2026

Excelente análisis.

Canal Juan David Correa 16 likes, 1 comment. "Juan David Correa - Conversaciones Pendientes. Con Rodrigo Uprimny."

18/04/2026

Los pocos instantes de amor

Aunque no fue lo que anhelé,
vive en mis recuerdos.

Su presencia casi no estuvo.
Se fue muchas veces.

Y cuando regresaba,
a veces traía en la boca
una frase que dolía
o una queja
que ahondaba todavía más su ausencia.

Después,
su mirada se quedaba perdida,
lejos,
como si tampoco él supiera
cómo habitar del todo lo que amaba.

A veces su mano
pasaba por mis cabellos
con una ternura tardía,
como queriendo decir:

No supe.
No entendí.
No quise herir tanto.

Pero en mí
quedaba el frío de su ausencia,
ese frío que se instala
aunque alguien vuelva.

Y yo pensaba:
hasta cuándo.
Hasta cuándo cansará
verlo aparecer
solo para sentir
que vuelve a irse.

La última vez
estaba en una cama de hospital.

Ella también estaba allí.
Y él, aferrado a su cintura,
parecía suplicarle con el cuerpo
lo que tal vez ya no sabía decir con palabras:

no te vayas,
no me dejes,
me haces falta.

Y en ese instante,
hasta las heridas se nublaron.

Y entendí
que hay lazos de sangre
que ni la distancia,
ni la ausencia,
ni el dolor
logran deshacer del todo.

Y de todo lo vivido,
son los pocos instantes de amor
los que todavía guardo.

— Mila Bekam

17/04/2026

Sin ruido

Ya conozco el camino.
Por eso voy despacio.

Probé las mieles de la vida
y también los sacrificios del amor,
creyendo alguna vez
que uno debía ser
el mundo entero del otro.

Me dicen
que cerré el corazón al amor.
Yo no lo siento así.
No cerré el corazón;
solo recuperé la llave de mi confianza
y aprendí a despojarme
de heridas que no me pertenecían.

Hoy vivo
sin ataduras obligadas.
Camino mi madurez
con la serenidad
de haber probado delicias
y sinsabores.

Y tal vez por eso,
ahora prefiero
no esperar nada
y recibir apenas
lo que llega sin ruido.

— Mila Bekam

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