Autocuidado
01/03/2026
El autocuidado no es solo una decisión individual.
Está atravesado por la historia, los roles y los mandatos que hemos aprendido a sostener.
Muchas veces el cuerpo carga con la autoexigencia, la culpa por descansar o la dificultad para poner límites o legitimar la atención a las propias necesidades. Y eso también tiene que ver con el género.
De ahí *TERRITORIO DE CUIDADOS*✨
👉🏻En este curso, de carácter mixto, exploraremos cómo estos mandatos impactan en nuestra salud, energía y forma de habitarnos, y de habitar nuestras realidades y nuestro estar en la vida. Lo haremos desde una perspectiva psicocorporal y de género, combinando reflexión y experiencia.
Te llevarás claves prácticas de autocuidado para aplicar en tu día a día: herramientas de conciencia corporal, escucha de límites y regulación, que te permitan cuidarte con mayor coherencia.
Un espacio vivencial, seguro y transformador.
😊Si sientes que este tema te toca, te esperamos.
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📷1. Laura Jiménez Orts En .creativestudio
*VERGÜENZA*
Donde hay vergüenza, hubo herida.
La vergüenza no nace de la nada.
Casi siempre viene de algo que pasó antes: abuso, rechazo, humillación, castigo, silenciamiento o retirada de amor.
Unx niñx no siente vergüenza “porque sí”. La aprende cuando, a través del trato que recibe, entiende que ser como es pone en riesgo el vínculo.
Si cuando lloraba le decían “no exageres”.
Si cuando se enfadaba era castigadx.
Si cuando mostraba sensibilidad era ridiculizadx.
Si cuando no cumplía expectativas se retiraba el afecto.
El mensaje que queda no es “eso que hiciste no está bien”.
Es: “así como eres, no está bien”.
Para unx niñx, eso no es un detalle. Es pánico. Sin vínculo no hay supervivencia.
Muchas veces no recordamos esto conscientemente, pero nuestro sistema nervioso sí lo recuerda. Por eso, en la vida adulta, reaccionamos ante situaciones que algo nos recuerdan de esa experiencia temprana.
La vergüenza se convierte en una estrategia de pertenencia:
Encogerme.
Callarme.
Adaptarme.
Desaparecer un poco para no desaparecer del todo.
Por eso la vergüenza no regula conducta. Regula existencia.
Y algo más incómodo: a veces, para no sentir nuestra propia vergüenza, la proyectamos sobre otrxs.
Criticamos.
Señalamos.
Ridiculizamos.
Reconocer esto no es culparse. Es entender el mecanismo.
La reparación empieza cuando dejamos de creer que somos la vergüenza.
Cuando podemos decir:
“Hay una parte de mí que aprendió a esconderse.”
“Hay una parte que teme ser rechazada.”
“Hay una parte que se siente defectuosa.”
Y en lugar de empujarla, la acompañamos.
Acompañar no es forzar amor inmediato.
Es sostener con presencia.
Es regular el cuerpo.
Es devolverle seguridad a esa parte pequeña que un día creyó que desaparecer era la única opción.
La vergüenza no es tu identidad.
Es la huella de una adaptación.
Y lo que fue adaptación puede hoy empezar a transformarse en integración.
📷Laura Jiménez Orts En .creativestudio
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